lunes, 12 de mayo de 2008

Ensayo : La palabra exacta, en la poesía de Blanca Varela


Ensayo: La palabra exacta, en la poesía de Blanca Varela

Por mitzar brown abrisqueta

 

 

 

Noche / vieja artífice/

 

ve lo que has hecho de la mentira/ otro día/

Blanca Varela

 

 

Leer la poesía de Blanca Varela (Lima, 1926) implica un doble pero grato esfuerzo de tener que aislarse de la realidad inmediata e introducirse a ciegas en el universo abstracto expuesto por la artista. Doble abstracción entonces, la de la poeta y la de su lector anónimo, en confluencia no sincrónica que el texto exige para ser disfrutado. La noticia, hace casi dos años, de que la poeta peruana se convertía en la primera mujer ganadora del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, que “tiene como objetivo premiar el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la literatura hispánica” (Tapia: 2006), nos sorprendió aquella mañana del 11 de octubre. Fidel Villar (2006) afirma que una de las alternativas —de los poetas de hoy— frente al uso inadecuado de la palabra es el silencio, o en todo caso es la de “(…) cuidar que el lenguaje no exprese más allá de lo que la propia palabra contiene o también (la de) intentar transformar un género literario en expresión pura de sí mismo. Siendo de esta forma, la poesía instaura una realidad que no tiene más existencia que en sí misma”. En este sentido, Villar ubica a Blanca Varela, a propósito del premio mencionado, dentro de la estirpe de poetas como Mallarmée, Rimbaud y Lautréamont, que —afirma— dieron preeminencia a la palabra en sí, y no a las ideas, para elaborar poesía. Así, por hallarse la palabra “cansada de significaciones” se la debía “radicalizar hasta sus propios límites”. A lo anterior se suma el Premio Reina Sofía, XVI Premio de Poesía Iberoamericana, que se le otorgó en mayo de 2007 y que fue recibido, en el mes de noviembre, por su nieta Camila de Szyszlo. Además, fue nominada para el Premio Miguel de Cervantes, considerado premio Nobel de las letras castellanas, y que, en esta ocasión, ganara el poeta argentino Juan Gelman.

 

Poeta vinculada a la Generación del 50, su obra es —en un comienzo— considerada poesía pura, en oposición a la poesía social, una clasificación bastante radical que hoy tiende a desaparecer. Sobre este tema, se ha discutido mucho: qué tanto se puede o se debe exigir a un poeta que comprometa su arte con la realidad social, o qué tanto una obra de arte deja de serlo por carecer de una estética aprobada por el canon vigente. Cuando Róger Neyra (2004) le pregunta al respecto a Arturo Corcuera, este responde:

            En el mundo socialista se equivocaron los que impusieron directivas en ese sentido. En el Perú, felizmente nos nació Mariátegui, que apreciaba mucho a José María Eguren (…). Él comprendía a los artistas, y en el ensayo que le escribe a Eguren expresa: El arte es una evasión cuando el artista no puede aceptar ni traducir la realidad y la época que le tocan (sic). Estos artistas maduran y florecen extraños y contrarios al penoso sufrimiento de sus pueblos (…).

 

 En la estética de Varela se percibe más el aprecio por la palabra y el significado pleno que la autora selecciona y otorga desde su mundo interior, antes que un interés frío por conservar la métrica o la rima. El significado pleno, al que me refiero, es aquél en el que está ausente —en la palabra— toda contaminación (Villar, 2006) producida por los excesos de carga semántica que el uso le da y que, cuando no la desgasta, la embota, con lo que pierde esencia.

 

La autora cuenta cómo, de niña, jugaba con los significados de las palabras: “Recuerdo claramente que no me gustaba mucho lo que me rodeaba y que, al mismo tiempo me gustaban demasiado las palabras, su sinsentido, su música” (Varela, 2002:86). Habla también de su dificultad para integrarse —en los años cuarenta— al mundo estudiantil mayormente masculino, dificultad que se vio aligerada por la amistad de Sebastián Salazar Bondy y del círculo de jóvenes poetas con los que se identificó inmediatamente para sumergirse en el mundo de todas las artes. Destaca la influencia de Emilio Adolfo Westphalen y de José María Arguedas, al que —cuenta— dedicó secretamente su poema Puerto Supe que, por sugerencia de Octavio Paz, cambió de nombre por Ese puerto existe; y, señala la importancia —para su poesía— de su posterior reencuentro con el poeta mexicano. Dice ella: “Existen, es verdad, un instinto y un azar electivos. Solo así, puedo explicarme también, por qué tuve la suerte de toparme durante aquel frío y oscuro invierno de un París de la posguerra con Octavio Paz. Sin su ejemplo, jamás hubiera perseverado en mi empeño de escribir poesía” (:88).

 

 Podemos afirmar que su poesía es el resultado de una concentración de significados precisos, expuestos con economía. Su obra que, últimamente, ha sido más estudiada desde la perspectiva de una literatura de género, me permite, sin embargo, y gracias a que la poeta reconoce —en su entrevista con Fietta Jarque—, (2001), la influencia Zen en Canto villano, hurgar en ella, en busca de sus coincidencias con la estética haikiana. No es solo desde el poemario Canto villano —sino desde la mayor parte de su obra— que puede apreciarse que la estricta norma del haikú moderno: métrica de diecisiete sílabas distribuidas en tres versos, no impide que la autora tome, de esta perfecta poesía japonesa, lo que conviene a su poética, como la brevedad y lo natural, al margen de la formalidad silábica. Y, como afirma Modesta Suárez (2002: 46), sobre la poesía de Varela, “(…), las imágenes son las que construyen paso a paso la estructura de los poemas cuyos versos no están realmente sostenidos por los juegos verbales ni por la rima”. Por otro lado, cuando Octavio Paz y su amigo japonés Eikichi Hayashiya deciden, en 1955, traducir la obra Oku no Hosomichi, (Sendas de Oku) de Matsuo Basho, creador de la forma haikiana, deben sacrificar la música al contenido —es decir— la métrica; no hablemos de rima, pues los haikús carecen de ella. En la Advertencia que hace Octavio Paz en la primera edición (1956) se lee: (…) y cuyo lenguaje, poseído por un infinito respeto al objeto, no se detiene nunca sobre las cosas, sino que se contenta con rozarlas. La traducción de los poemas, sacrificando la música a la comprensión, no se ajusta a la métrica tradicional del Haikú pero en muchos casos se ha procurado encontrar equivalentes en español de la concentración poética del verso japonés y de sus medidas silábicas. (2003:31)

Con esto, quiero destacar que el hecho de que la métrica pueda ser obviada para rescatar la esencia al momento de traducir me permite afirmar que el vínculo de la poesía de Varela con la poética haitiana es la esencia de esta última: su brevedad y la concentración de significados, no tanto lo formal.

 

La influencia Zen en occidente

Hagamos aquí una pausa para una exposición sucinta sobre cómo llega a occidente la influencia Zen. Es alrededor del siglo V d.C. que esta filosofía —gracias a los intercambios   comerciales entre los países del oriente, y al afán imperialista chino— es introducida a Japón, por el primer patriarca Zen japonés, Daruma, discípulo de Tamo, patriarca de la China. El budismo Zen llega a la China desde la India, donde el patriarca es Bodhidharma. Esta filosofía influye no solo en el pensamiento chino y japonés sino también en su arte. El Daruma japonés se inspira en el Mahayana, que es el budismo del gran vehículo y que afirma la doctrina del no-ego donde el yo individual es una ilusión; tampoco hay un Dios reconocible, de teología esclarecida. Esta negación del yo y del Dios concreto y reconocible no debe ser confundida con una postura nihilista, ya que, como negación, es sólo un camino para alcanzar una afirmación suprema.

 

 Trasladada esta filosofía a la literatura, es en el género lírico en donde tiene a su más alto representante: el japonés Matsuo Basho (1644-1694). Él llevó la forma haikiana a su máxima expresión. Uno de sus poemas más conocidos es: “Todo en calma; / penetra en las rocas / la voz de la cigarra”. Vemos la brevedad de sus diecisiete sílabas. Al ser traducido, del japonés, se hace un esfuerzo por mantener la métrica. Se ha considerado la sinalefa para el conteo de las sílabas en español. El haikú, necesariamente, incorpora elementos de la naturaleza que llevan implícito el tiempo o estación del año a la que alude el sentido del poema, en este caso, el estío. Es “la cigarra” la que oficia de elemento que convoca a la mente del lector la estación veraniega. Este mismo poema tiene una traducción, más actual, algo distinta –de Eikichi Hayashiya– pero que coincide mucho: “Tregua de vidrio: / el son de la cigarra /taladra las rocas” (Basho, 2003:135). En la nota aclaratoria correspondiente, Paz compara esta última traducción de su amigo japonés con otra anterior, la suya: “Quietud:/los cantos de la cigarra/penetran en las rocas” (2003: 208). Justamente, es Paz (2003:42) el que insiste en la influencia de la “actitud Zen” en todas las artes, y que, en ellas, el Zen alude a la vez que elude; cita a Chicamatsu, que dice: “El arte vive en las delgadas fronteras que separan lo real de lo irreal” y “El poeta no dice: esto es triste, sino que hace que el objeto mismo sea triste, sin necesidad de subrayarlo”. ¿Cómo conseguir esto último si no es porque se nombra al objeto, con exactitud, sin excesos, ni adornos?

 

 El haikú se difunde en la literatura occidental desde los inicios del siglo XX. En 1905, en Francia, Paul Louis Chochoud publica un primer poemario de clara influencia Zen, y en 1906, Los epigramas líricos de Japón. En Inglaterra, entre 1905 y 1912, varios poetas manifiestan su preferencia por esta forma poética, entre ellos destaca Ezra Pound (1885-1972) para el que era preferible presentar una sola imagen, en la vida, a una obra voluminosa. En España y América, el haikú no resultó una forma ajena debido a su similitud con la brevedad de los epigramas, las adivinanzas y las seguidillas. En México, es introducido por José Juan Tablada (1871-1945), poeta vinculado al Modernismo y al inicio del Vanguardismo, y que visitó Japón en 1900. Octavio Paz —poeta influyente en el quehacer poético de la autora Varela— señala, sobre Tablada, que: “Sus pequeñas y concentradas composiciones poéticas, además de ser el primer trasplante al español del haikú, fueron realmente algo nuevo en su tiempo” (2003:20-21). Aunque, como Paz recuerda, Tablada solía llamar haikai, en vez de haikú, a sus poemas debido al contenido irónico y a la “imagen brillante”. Quiero indicar que, tanto en los haikús como en los haikai, la sorpresa –expuesta en imágenes– es un componente que complementa a los elementos tiempo-espacio que son convocados también por ingeniosas imágenes. Se puede decir que los poetas hispanos, influenciados por lo haikiano, rescatan la brevedad y la precisión para nombrar de esta forma poética, aunque varían el número de sílabas.

 

La sutil presencia de la filosofía Zen en la poesía de Varela

 

Y es, reitero, en los poemas de Canto villano donde se observa la sutil presencia de la filosofía Zen; sobre todo, en los nueve primeros poemas, que muestran el gusto de la autora por condensar y capturar momentos o circunstancias que suelen pasar desapercibidas, como en “Después”, donde la breve sombra de una rosa inquieta los sentidos: tras la rosa / sombra (Varela, 2005: 28). Economiza significantes, pero cada uno de ellos es capaz de suscitar, en el lector, aquello que la poeta no ha hecho explícito, en su afán de ser exacta. La precisión —la correspondencia de la palabra con su objeto—parece ser la regla de oro en su obra. Así, el poema “Justicia”, no carente de cierta ironía, resume en seis versos la complejidad de la cadena (alimenticia) ecológica. Evidencia el sentido de la continuidad a la vez que el sinsentido del hecho de vida individual, lo fugaz y lo frágil de este, para priorizar la trascendencia de los seres vivos como especie. Encuentro en su estética un sinsentido de lo singular que cobra sentido en lo universal. O, como señala Paz con respecto a la doctrina Zen:

            (…) Para provocar dentro del discípulo el estado propicio a la iluminación, los maestros acuden a las paradojas, al absurdo, al contrasentido y, en suma, a todas aquellas formas que tienden a destruir nuestra lógica y la perspectiva normal y limitada de las cosas. Pero la destrucción de la lógica no tiene por objeto remitirnos al caos y al absurdo, sino, a través de la experiencia de lo sin sentido, descubrir un nuevo sentido. Sólo que este sentido es incomunicable por las palabras. Apenas el humor, la poesía o la imagen puede (sic.) hacernos vislumbrar en qué consiste la nueva visión (2003: 40)

 

Así como a Matsuo Basho le es suficiente la utilización de la imagen en su poema de la cigarra, que alude a una determinada época del año, Blanca Varela no necesita ni busca explicar lo que, de por sí, alude su pequeña composición poética. En “Justicia” vemos que el gusano está expuesto al apetito del pájaro y éste, a su vez, al del hombre, que inexorablemente habrá de calmar el apetito del gusano que se encarga de cerrar y reiniciar el ciclo, que para Edgar O’Hara (1984: 42) transmite el sentimiento del eterno retorno. Esa ironía, a la que aludo, podría situar al poema de Varela, no solo como haikiano, sino también como haikai, forma que cultivó aquel otro exponente de la lírica japonesa, Teitoku —muy inclinado a la imagen brillante— al que se acercó más la poesía del mexicano Tablada (Paz, 2003: 20).

 

En su obra, está claro que —como afirma ella— le interesa la poesía como expresión (Prain, 2001) y no como juego verbal; la ausencia de rima y de una métrica fija no afecta a la cadencia de sus versos. Para comprobarlo, léase en voz alta, e incluso en silencio, el poema “Monsieur Monod no sabe cantar” (2005: 49), en donde se aprecia el fluir de las ideas, propio del surrealismo, influencia que recibió durante su juventud, y que —según la estética de esta corriente— tiende a automatizar el arte, pero que en Varela, que afirma haberse sentido identificada con los surrealistas (ver Rosas 2002: 71), no se hace radical ni carente de lógica sino que fluye sin que la autora permita que los versos se abran en explicaciones que podrían parecer confesionales o querer narrar una historia, sólo deja que cada verso evoque algo y se concatene de inmediato al verso siguiente que, a su vez, va señalando el rumbo, en una lógica peculiar. Múltiples elementos de la realidad salen de su simplicidad: ‘agonía de mosca’, ‘la obscenidad de los geranios’, ‘la vergüenza del ajo’, ‘los gorrioncitos cagándose’ o ‘la patita de cangrejo atrapada’, para acompañar a las elucubraciones del Yo poético en torno al amor desvanecido. Es clara la influencia haikiana: “Piojos y pulgas: / mean los caballos/cerca de mi almohada” (Basho, 2003: 125). En los poemas de El libro de barro (2005: 67-89), nuevamente, aparece una característica haikú. Es el hecho de no poner título al poema, también ronda el tema haikiano de la creación, lo óseo es la esencia del alma: “(…) El corazón del eclipse, el viaje y el negro esplendor de la música carnal allí adentro, en el hueso del alma” (2005: 74). Como lo es la costilla, del cuerpo de una Eva implícita, en: “HUNDO la mano en la arena y encuentro la vértebra perdida. /La extravío al instante. (…)” (2005: 67). En el mismo poema, leemos: “(…) El mar huele a vida y a muerte…” donde la vida y la muerte están en tensión; obsérvese que son el dolor y la memoria, imbricados, en sucesión regresiva de ecos tras lo prístino: la vértebra, el discurrir, y la muerte. O, como afirma Bethsabé Huamán (2002: 54) “(…), como si la palabra fuera ese barro primigenio sobre el cual se experimentó el mundo (…)”. El tema de la fugacidad de la vida, de su fragilidad, vuelve en “Concierto animal” (2005: 93-120). Une lo afectivo a lo sensorial, en palabras que connotan desazón, el Yo poético se transforma en el ‘hálito de la rueda’, ‘el cencerro de la tempestad’ o en el ‘burbujeo del cieno’ para que su clamor sea oído, (2005: 100). Es el quid de la poética haikiana mediante el cual el Yo lírico se sacrifica para transformarse en lo observado y hablar desde su objeto. Apela a los ruidos producidos, por aquellos elementos, para capturar la atención de su lector implícito: “Si me escucharas…”. En sus inicios, Blanca Varela utiliza un Yo lírico masculino; ello se observa en Ese puerto existe. Hecho que, en alguna ocasión, la autora ha señalado se debería a la época en la que comenzó a escribir, cuando predominaba la escritura masculina. Vemos que, en líneas generales, sacrifica no sólo el género sino también la persona desde la que se expresa; es ambigua, ambivalente, porque se funde con su objeto. Sobre la preeminencia de la escritura masculina, en nuestra literatura, Marco Martos nos dice: La poesía peruana del siglo XX, aparte del caso de Magda Portal, fue privilegio de varones. Dos de ellos, César Vallejo y José María Eguren, copan, ellos solos, con la calidad de sus versos, cuatro décadas de poesía en el Perú. En los años cuarenta, dos jóvenes poetas, Jorge Eduardo Eielson y Sebastián Salazar Bondy, se reunían en los alrededores de la Universidad de San Marcos con una incipiente escritora, menor que ellos mismos. Blanca Varela había nacido en 1926 y tenía una profunda vocación literaria que desarrollaría recién a partir de 1959, cuando publicó en Veracruz, México, con un prólogo de Octavio Paz, su primer libro Ese puerto existe. (2002:74) Además, Martos define a la autora como “una poeta que excava en sus propias entrañas y que establece un curioso contraste entre una dicción límpida y el sentimiento exacerbado de estar arrojada en el mundo” (2002:77). En la poesía de Varela, la vida, lo orgánico, y la muerte, son parte del drama interno que sufre el Yo poético y que es transferido al lector como un cuestionamiento sobre su destino inexorable y que la autora llama ‘impostergable ceremonia’. “En Nadie nos dice” (:143), de El falso teclado (2005: 127-143), el tema es el desconocimiento de cómo enfrentarse a la muerte cuando es la propia. El eje temático del poema, donde el comportamiento instintivo de ‘el perro de la casa’, ‘el gato’ o ‘el elefante’, ante ella -la muerte- sirve de modelo que señala la simplicidad de un hecho que, de ordinario, se cubre de eufemismos por su condición de incierto y desconocido. Es eso, el misterio imposible de develar por ser alguno, el que está planteado en este poema que consigue cuestionar la creencia de la muerte como el paso a algo desconocido cuando es en realidad un final. Es el tema recurrente, es el ciclo de la vida:

 

cambiar el paso/

 

acercarse/

 

y oler lo ya vivido/

 

y dar la vuelta/

 

sencillamente/

 

dar la vuelta (:142-143)

 

Sobre este tópico de la muerte y de la finalidad de la vida como ser individual es preguntado el poeta peruano Arturo Corcuera, ganador del Premio de poesía Casa de las Américas 2006. El poeta dice: “Después de los 50 nos ronda la idea de la muerte. A veces pienso que el verdadero descanso tal vez consista en que nadie se acuerde de uno, que nuestro nombre resulte extraño (…) que el tiempo haga con nuestros versos lo que los gusanos hacen con nuestro cuerpo (…)” (Neyra, 2004: 16). No es, pues, la muerte del individuo lo más importante, aunque tampoco es presentada como vana o inútil; Varela reflexiona sobre ella, pero de la misma manera como lo hace con respecto a lo cotidiano, que según Ina Salazar (2002: 19) “sirven para convocar inquietudes ontológicas” y confrontar lo “circunstancial y lo trascendente”. En su poema “Otro” (:135) retoma el hecho de la continuidad de la existencia como fundamento, la vida en términos de secuencia no-interrumpida, la preeminencia de la raza humana sobre la individualidad del ser, que se torna eslabón carente de peculiaridad para permitir con su sacrificio inexorable la regeneración de la vida, además del equilibrio ecológico. Nuevamente constatamos la abstracción del haikú y la presencia de la filosofía Zen, donde la individualidad desaparece, donde el no-yo permite el hecho de la supremacía del universo como un todo vital, un sistema. En “Otro” está implícita la descomposición de un organismo, es el Yo que, nuevamente, se sacrifica para ser observado como el modelo de la interminable cadena, se acepta como parte que prioriza el fin supremo de la existencia del ser, que es biodegradable para volver en una nueva forma de vida, cualquiera del sistema: “aleteando o mugiendo” (última línea del poema). Las líneas iniciales condensan, con humildad del Yo lírico, su entendimiento del rol que le toca en la vida, en la perpetuidad del hombre y de su entorno con el que hace unidad:

           carezco de raíces /

 

de manos/

 

de retoños /

 

Ni raíces para aferrarse a la vida, ni manos para asirse a nada, ni hijos que le den continuidad a la singularidad que le tocó vivir, toda su materia será devuelta al todo para que vuelva en una nueva forma que convenga a la cadena. En las siguientes líneas:

 

mi frente es sólida /

 

como una piedra/

 

que será arrojada/

 

Observamos la capacidad del Yo lírico para hablar de sí y convertirse en el no-yo, que señalamos líneas arriba. Es el sujeto que se convierte en el objeto contemplado, convertido en piedra arrojada al mar para ser arena –dice el final del poema- y ser alimento de otro ser vivo. Es esa actitud Zen de la contemplación y no de la explicación, la que prima en su poética. Ella ha asegurado, ante la notoria presencia de la ‘muerte’ en su poesía, que: “Hay mucho valor positivo en vivir aun a sabiendas de que se va a morir. (…). Todo el mundo me habla de la presencia de la muerte en mi poesía, pero si la muerte existe ¿por qué no podemos vivir con la muerte?” (Rosas: 72).

 

Para entender mejor el planteamiento sobre la capacidad –del poeta- de la contemplación de sí mismo, observemos que, según la estética del poeta Basho, había (para el autor lírico) un primer estado, perceptivo, mediante el que debía –el artista- participar de lo esencial de la cosa de la que deseaba escribir –ella misma, su ser como parte de un todo superior a su propia individualidad. Para ello debía participar de la vida de su objeto. Como se señala en líneas anteriores, es el transformarse en aquello que es observado. Luego de la etapa perceptiva, está la etapa expresiva mediante la que se comparte lo vivido con el lector por medio de las palabras, que deben ser transparentes para que la vida interior del objeto llegue a la mente del lector tal como es percibida por el poeta: su cualidad de biodegradable. De esta manera, puede leerse el poema citado anteriormente, donde gracias a la experiencia “vivida” por el enunciador, la experiencia de la muerte que permite la continuidad de la existencia, el lector asume el rol que le corresponde en esta cadena, se ve a sí mismo como un eslabón, de la misma forma como lo hiciera el Yo lírico. Como se ha expuesto, puede afirmarse que la poética de Blanca Varela lleva implícita la filosofía budista Zen. Ella se manifiesta más, a través del contenido, que su poesía convoca, que por las formas. No es, esto último, el elemento importante de su poética. Las palabras son el medio, y, como tales, deben mantenerse austeras, pero profundas en contenido. Por eso la brevedad que, a su vez, exige el trabajo y el esfuerzo de su lector, que debe abstraerse de su entorno e incorporarse a la obra poética para asumir la tarea de desentrañar lo abstracto de sus líneas, las sensaciones condensadas en ella -la obra- y los momentos y las circunstancias efímeras que en condiciones normales no son percibidas en su magnitud. Doble abstracción entonces….

 

 

 

Referencias bibliográficas

 

BASHO, Matsuo (644-1699). 2003 Sendas de Oku. Serie El manantial culto, 34. Versión castellana traducida y comentada: Octavio Paz y Eikichi Hayashiya. Lima, PUCP.

 

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HUAMÁN Andía, Bethsabé. 2002 “Piedra negra sobre piedra blanca”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad San Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. págs. 50/56. Escrito en Lima, 2001.

 

MARTOS, Marco. 2002 “Apuntes sobre la poesía de Blanca Varela”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad San Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. Págs. 74-77. 2005 “Semblanza”.En la Red: http://www.lainsignia.org/2001/febrero/cul_023.htm. (Capturado: 19 de agosto de 2005)

 

NEYRA, Róger. 2004 “Arturo Corcuera La poesía está hecha de la materia de las estrellas”. Entrevista a Arturo Corcuera. En: Las sumas voces. Lima. Año 2, nº 00, enero. Págs. 13-16.

 

O’HARA Gonzáles, Edgar. 1984 “Blanca Varela en aire, tierra y agua. El territorio esencial” En: Cuerpo de reseñas. Lima: Ediciones del azahar. Págs. 38-43.

 

PAZ, Octavio. 2003 “La poesía de Matsuo Basho”. En: Sendas de Oku. Basho, Matsuo. Lima: PUCP. Págs. 35-49. (Escrito en México, 1954). 2003 “La tradición del haikú”. En: Sendas de Oku. Basho, Matsuo. Lima: PUCP. Págs. 10-27 (Escrito en Cambridge, 1970) 2003 “Notas bibliográficas”. En: Sendas de Oku.

 

PRAIN, Michelle. 2001 “Blanca Varela: Creación y trascendencia”. Revista de Libros de El Mercurio, 3 de marzo de 2001. En la Red: http://www.letras.s5.com/varela080402.htm. (Capturado: 29 de agosto de 2005)

 

ROSAS, Ribeyro, José. 2002 “Por qué no vivir con la muerte”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad San Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. Págs. 69-73. Escrito en París, 2002.

 

SALAZAR, Ina. 2002 “El canto del paria”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad san Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. Págs.17-29. Escrito en París, 2001.

 

SUÁREZ, Modesta. 2002 “Convertir lo exterior en interior”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad San Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. Págs. 39-47. Escrito en Burdeos, 2001.

 

TAPIA, Juan Luis. 2006 “El jurado destaca la originalidad de la poesía de Blanca Varela”. Diario digital Ideal. Granada. En la Red: www.ideal.es/granada

 

VARELA, Blanca. 2005 El libro de barro y otros poemas. Instituto Nacional de Cultura del Perú. Lima. 2002 “Su propia mirada”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad San Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. Págs. 86-88.

 

VILLAR ROBOT, Fidel. 2006 “Las elocuencias del silencio (La poesía de Blanca Varela)”. Diario digital Ideal, Granada. En la Red: www.ideal.es/granada

 

jueves, 1 de mayo de 2008

"Explicar la teoría de la cristalización del amor, de Stendhal, a través de dos narradores-personajes tomados de la narrativa de Sábato y Capasso...

“Explicar la teoría de la cristalización del amor, de Stendhal, a través de dos narradores-personajes tomados de la narrativa de Ernesto Sábato y Mario Capasso. La novela El túnel y el cuento Mandy, o el amor en tijeras.”

Por Mítzar Brown Abrisqueta

A partir de la teoría de la “cristalización del amor”, que expuso Stendhal (Grenoble 1783-París 1842) en su tratado Sobre el amor (1822), y la presencia, en la literatura, de modelos que puedan contribuir a explicarla, he elegido dos obras de autores argentinos: la novela El túnel (1948), de Ernesto Sábato (Rioja,1911) y el cuento Mandy, o el amor en tijeras (2007), de Mario Capasso (Villa Marteli,1953). Sólo voy a analizar los pormenores del encandilamiento que se produce en los personajes masculinos que, a la vez, son los narradores, en primera persona, de cada historia. En El túnel, el narrador personaje, Juan Pablo Castel, a través de una prolongada analepsis, nos informa los pormenores del crimen que cometió, motivo por el que tiene que cumplir sentencia. Nos cuenta su historia desde el presidio. No solo nos informa sobre el crimen en sí sino sobre los acontecimientos que lo precedieron, entre ellos, su relación con la mujer asesinada por él, María Iribarne Hunter. Stendhal, a través de una metáfora, explica su teoría de la cristalización del amor. Dice Sirvent (1985) que el autor influenciado por los nada exitosos acontecimientos amorosos de su vida crea esta teoría para explicar cómo se presenta el amor a partir de la idealización del ser que se cree amar. Este determinismo tainiano está presente en la mayoría de autores que hablan acerca de la teoría del amor de Stendhal, determinismo explicable debido a las coincidencias con su vida pero que, aquí, no es un aspecto relevante. “La cristalización se reconoce en él con la inconfundible señal del amor ascendente, el empalidecimiento de cualquier otro interés.” –dice Sirvent (:69)- y esa es la característica que observo en las dos obras citadas. “Si se echa una rama seca y deshojada en una de las minas de Salzburgo, y se recoge al día siguiente, ésta aparece transfigurada: se habrá cubierto de infinidad de cristalitos brillantes que convierten una rama seca en una especie de ensamblaje de diamantes.” (:70), parafrasea Sirvent a Stendhal para explicar la metáfora. Antes de continuar, debo decir que José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-Madrid 1955) cuestionó la teoría stendhaliana, sin embargo, he observado que su crítica tiene un matiz de desacreditación al escritor francés debido a que Ortrega y Gasset veía invadidos los terrenos filósóficos. Otros estudios afirman que sería el amor no consumado –en la vida real de Stendhal- (1) el factor que inspira el concepto de cristalización del amor. La ausencia del plano físico –en la pretendida relación- hace posible que la ilusión sea duradera, sobre todo cuando está latente la posibilidad de consumación. Otros componentes que Stendhal acusa como parte del proceso de cristalización del amor, son la vanidad, la paralización por timidez y sobre todo la dificultad que ofrece el ser elegido para amar, para ser alcanzado. Semióticamente, diríamos que el objeto de deseo no se alcanza nunca. La vanidad se explica en la preocupación del hombre por conseguir la aprobación del otro; la paralización por timidez es la dificultad que tiene el hombre, debido a sus temores, para abordar al ser que se ha idealizado casi hasta la perfección. A esto se suma –lo ya mencionado- la dificultad que el otro ofrece para ser alcanzado, ya sea por su indiferencia o por otras barreras. En el cuento, de Mario Capasso, que ofrece una historia ubicada en espacio y tiempo actuales, el personaje-narrador ingresa, algo indeciso, a un moderno salón de peluquería donde, a pesar de la gran cantidad de peinadoras, él sólo ve a una, rechaza los servicios de otras hasta conseguir ser atendido por aquélla que lo ha impresionado. No sabemos nada del personaje, mas que lo que nos ha contado hasta el momento, por lo tanto no podemos adelantar nada respecto de su vida personal. Luego, nos habla de la pasión que se ha despertado en él por aquella mujer; además, destaca la idea de correspondencia, que los lectores solo observamos en la imaginación del personaje, ya que no hay indicios de que la mujer demuestre afecto hacia él, pues se limita a atenderlo con cortesía todas las veces que él asiste al salón, que se tornan muchísimas, hasta que, un día, él llega y observa a Mandy en discusión con otro hombre con el que es evidente que sostiene una relación, sin que se llegue a saber detalles de ésta. Eso la hace inalcanzable, pero a la vez la idealiza más aún, es el objeto real, la mujer, la peluquera sin mayores atributos que los de una mujer como muchas, sometido, como la rama seca de Stendhal, a la adhesión de atributos-diamantes (sal) que la convierten en un ser inalcanzable, y que a su vez provoca -ese objeto, con su nueva imagen- el empalidecimiento de todo lo que lo rodea. La no concretización de ese amor en el plano físico, lleva al personaje a la desesperación, pero el amor no se apaga nunca, este envejece pero la ilusión pervive incólume. El personaje-narrador de Sábato no logra desprender de sí la pasión que siente por la mujer que tiene un único atributo otorgado por él: ha sido la única persona capaz de ver en el cuadro del pintor-expositor ese detalle importante para él, pero su angustia por saber qué fue con exactitud lo que llamó la atención de ella en la ventanita pintada en la parte superior izquierda del lienzo “Maternidad” provoca que ese único atributo otorgado hasta el momento se convierta en un haz de atractivos que, como en el cuento de Capasso, también consiguen empalidecer todo el contexto a los ojos del hombre encandilado. Al contrario del personaje del cuento de Capasso, aquí, a pesar de que hay una consumación física, la consumación del amor no es completa debido al misterio que el personaje femenino mantiene hasta el final de la narración, aún cuando él está preso y nos narra la historia, no consigue descristalizar al objeto de deseo que acabó con su libertad. La critalización positiva se ha tornado en negativa; él ha descubierto los juegos amorosos de María Iribarne, ha creído necesario destruirla, se ha convertido en juez y verdugo, pero no ha logrado recuperar su estado anterior al día de la escena del cuadro, al igual que el personaje de Capasso, que ha envejecido sin poder desprender de sí la primera imagen de la mujer que idealizó, nunca pudo liberarse del ideal(2).

Notas: (1) Gabaudán, Paulette. El romanticismo en Francia 1880-1850. Universidad de Salamanca. 1979.Pp 376. Citado por Sirvent Ramos, Ma Ángeles. 1985

(2) Al hablar de 'ideal' no puedo evitar pensar en aquella campesina regordeta que a los ojos de Don Quijote resultó ser una doncella, Dulcinea del Toboso, digna de las más arriesgadas aventuras por parte del ingenioso caballero.

Fuentes:

- Capasso, Mario. “Mandy, o el amor en tijeras”. En: http://www.textos-en-escombros.com.ar/cuentos/mandy.php

- Sábato Ernesto. El túnel (1948). Editorial El Comercio. 200.Lima.

- Sirvent Ramos, Ma. Ángeles. “La cristalización del amor en Lucién Leuden”, de Stendhal. Universidad de Alicante. En: Anales de filología francesa, ISSN 0213-2958, Nº. 1, 1985, pp. 69-80. Web de Dialnet: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=205135

- Stendhal. "Del amor"(1822). Editorial Alianza. Madrid. 1973.

Para citar este texto: Brown Abrisqueta, Mítzar. “Explicar la teoría de la cristalización del amor, de Stendhal, a través de dos narradores-personajes tomados de la narrativa de Ernesto Sábato y Mario Capasso. La novela El túnel y el cuento Mandy, o el amor en tijeras.” En: Creación y crítica. http://creacionycritica.blogspot.com/

jueves, 24 de abril de 2008

Manuel Scorza y sus personajes cerreños.

Manuel Scorza y sus personajes cerreños

Por mitzar brown abrisqueta



El reportaje transmitido por el programa del domingo 20 de abril, Cuarto Poder -conducido por Sol Carreño y Raúl Tola- acerca de los problemas que atraviesan los habitantes de la ciudad de Cerro de Pasco causados por la actividad minera, conduce, inexorablemente, al que haya leído, en especial, Redoble por Rancas, la primera de las novelas de Manuel Scorza, a aquellos conflictos que el escritor reflejó en su obra. Y es que con su narración de los hechos: "-Mientras tanto el tajo sigue creciendo (...) siglos de explotación minera sin conciencia social..." la reportera -Maribel Toledo- provoca la evocación de la historia recreada por Manuel Scorza, que refleja los conflictos que las actividades de la Cerro de Pasco Cooper Corporation ocasionaron a fines de los 50s y comienzos de los 60s.

    Así, la Compañía Minera Volcan SA, no es más que la continuación de las actitudes de los que promueven la explotación minera sustentada en la idea de progreso, pero sin un mínimo de respeto por la vida de los pobladores, aparentemente tan invisibles - como el personaje Garabombo, el Invisible del segundo de los cantares de la pentalogía de Scorza- a los ojos de los responsables de la empresa minera, y de las autoridades.

    Los comuneros de hoy sufren -como ayer- las consecuencias de la inevitable presencia del plomo en sus organismos; también 'deben' sufrir la pérdida de sus viviendas, que son absorbidas -diríase cubiertas y sus moradores, desplazados- por el tajo, que con su crecimiento desmedido y arbitrario, nos recuerda el cerco de alambre de púas -en Rancas- de la compañía ganadera, actividad desarrollada, entonces, en paralelo a la explotación minera, sin beneficio para los pobladores. Hecho que en la ficción de Scorza es representado por una gran víbora, como un cerco con vida, que devora todo a su paso. El cerco-víbora es la estrategia mítica a la que recurre Scorza para mostrar -con la ficcón- cómo los comuneros de Rancas van tomando conciencia de su situación y de la necesidad de luchar por sus derechos como nativos de aquellas tierras.

    En la realidad actual, el tajo abierto demanda, además de los terrenos que se van excavando, espacios para la acumulación de sus desechos, los que van formando cerros que luego son utilizados para, sobre ellos, construir viviendas. Es decir, que los poblados se van re-dibujando de acuerdo a la actividad de excavación y desecho de la compañía minera, continuadora, en línea directa de las actividades de sus antecesoras: Cerro de Pasco Cooper Corporation y Centromín Perú (I).
  
    La explotación a tajo abierto, con las continuas explosiones, que los pobladores llaman "tiro", que se producen -según el testimonio recogido por la reportera Ocampo y el camarógrafo Sergio Vergaray - dos veces al día, 11am. y 3pm. Ello provoca la destrucción sistemática de las viviendas y serios problemas de salud entre los pobladores. Estos viven atemorizados por los continuos temblores que los tiros producen y que los 'obligan' a habitar entre paredes resquebrajadas, hundidas, inclinadas, amenazantes...

    Cómo no evocar, entonces, a Scorza, su denuncia hecha ficción que alteró la realidad real cuando su personaje Hector Chacón consigue -en su vida real- ser liberado por el gobierno militar de entonces. Al morir Scorza, dejó huérfanos a sus personajes cerreños, aquellos que parecen, hoy, estar buscando a un autor, como los personajes de Luigi Pirandello (1867-1936), solo que en el caso de Scorza no son seis -los personajes- sino cientos de cerreños que anhelan sí una modernidad, pero con justicia y respeto por sus vidas y derechos.

(!) El 23 de setiembre de 1943 inicia sus operaciones la mayor planta concentradora de Paragsha en Cerro de Pasco, en la misma que el 5 de julio de 1946, comienza el tratamiento de plomo y zinc, para ser exportados. El 24 de diciembre de 1973, el gobierno de Juan Velasco Alvarado promulga el Decreto Ley Nº 20492, que expropia la "Cerro de Pasco Corporation", denominándola Empresa Minera del Centro del Perú (CENTROMIN PERÚ). En los años 1990, CENTROMIN fue cerrada y sus actividades fueron asumidas por empresas privadas. Actualmente Cerro de Pasco tiene como actividad principal la extracción de cobre a tajo abierto. En septiembre 1999 los capitales privados VOLCAN S.A.A. compran la unidad Paragsha a Centromin Peru S.A., el cual explota en la actualidad (2007) plomo y zinc, habiendo heredado el problema social de sus antecesores. (http://es.wikipedia.org/wiki/Cerro_de_Pasco)
Fuentes:
Cuarto Poder. América,televisión. Coducción: Sol Carreño, Raúl Tola. http://www.americatv.com.pe/cuartopoder/index.asp Créditos del reportaje. Maribel Toledo Ocampo; Carlos Correa, edición;Sergio Vergaray, camarógrafo.
Scorza, Manuel. (2001). Garabombo, el Invisible. Peisa.
(2001). Redoble por Rancas. Peisa.
Wikipedia. Enciclopedia libre. Artículo: " Cerro de Pasco".en:http://es.wikipedia.org/wiki/Cerro_de_Pasco . Consulta: 21 de abril de 2008) Créditos del reportaje: Reportera: Maribel Toledo OcampoEdición: Carlos CorreaCamarografo: Sergio Vergaray
Para citar este texto:
Brown Abrisqueta, Mitzar. "Manuel Scorza y sus personajes cerreños" http://creacionycritica.blogspot.com/2008_04_24_archive.html.
En Creación y crítica: http://creaciónycritica.blogspot.com/

jueves, 17 de abril de 2008

¿Qué es lo que mantiene viva una lengua?



¿Qué es lo que mantiene viva una lengua?
por mitzar brown abrisqueta


A unos días de cumplir un año como bloguera, término que, como otros, –con sus respectivas adaptaciones- ha contribuido al crecimiento de los léxicos de la diversidad idiomática del planeta, y con ello, al entendimiento entre culturas que hoy comparten, gracias a la globalización, las nuevas posibilidades que la comunicación ofrece, le he dado una mirada a ese cercano pasado de mi blog para hacer una revisión de mis planteamientos y releer los pocos textos que han aparecido. Encontré que uno de mis principales objetivos: mantener una economía en el lenguaje, casi se ha conseguido, aún encuentro por ahí, una que otra palabra que pudo omitirse sin arriesgar la estética ni mucho menos la comprensión del texto. Hoy recibí, de parte de “La página del idioma español”: http://www.elcastellano.org/noticias , un texto publicado por la agencia EFE sobre el discurso que diera el escritor español José Ángel Mañas con motivo de la inauguración del seminario internacional “El español de los jóvenes”. El autor considera importante que la comunidad de habla hispana, y sobre todo el sector académico, 'permita' que los jóvenes innoven la lengua española de acuerdo a las nuevas necesidades. Además de la página citada, también pueden ver la nota correspondiente en: http://www.fundeu.es/Noticias.aspx?frmOpcion=NOTICIA&frmFontSize=2&frmIdNoticia=1559 Me hubiera gustado hallar el texto completo del discurso, para poder comentarlo con comodidad, pero la idea principal es esa, la importancia del desarrollo de las nuevas actividades de los jóvenes y, con ello, la satisfacción de sus necesidades de comunicación con el surgimiento de nuevas expresiones, y por qué no –mirémoslo también de esa manera- con el paulatino abandono de otras que, en su momento, sirvieron. Quién habla hoy de radiolas o tocadiscos, ya ni siquiera de walkman, más bien sí de IPods o Mp4s, por citar uno de los más simples y familiares cambios. Eso, sin hablar de los nuevos verbos -y respectivas conjugaciones- que acompañan a cada nueva aparición tecnológica, así, el celuléame va reemplazando al telefonéame, y tal vez el escanéame al faxéame, esto último, cuando el fax ni siquiera ha sido, del todo, asimilado al uso doméstico y más bien se quedó en las oficinas. El pedido de Mañas de dejar lo que implique “riqueza, nuevos matices, o polisemia” para nuestro idioma, y desechar aquello que “suponga pobreza o imprecisión lógica” indica mucho equilibrio y sensatez en su reflexión. Ya se sabe, pues, que los extremos nunca son buenos. Desde aquí invito a los lectores a ser guardianes del lenguaje, pero sobre todo a ser muy celosos en el entendimiento y la comprensión durante cada acto comunicativo, que el exceso o la parquedad no enturbien u oscurezcan por completo el sentido hasta convertir el discurso en ininteligible. Con aprecio, mítzar.

viernes, 11 de abril de 2008

Leer a Mario Capasso...


Leer a Mario Capasso

por mitzar brown abrisqueta


Hallar una página, entre miles en la Web, es el resultado, muchas veces, de un mecanismo aleatorio, las más de las veces, de un seguimiento de algo que, vaya uno a saber, es tan abstracto como la compleja necesidad de leer algo sin saber qué exactamente; esa búsqueda se interrumpe en cualquier momento porque una señal enviada desde algún lejano y desconocido lugar del ciberespacio llamó nuestra atención. Esta vez, un título, que dice poco y mucho -según el cristal con el que se mire- me hizo detener la marcha, esa marcha de la que uno, por lo general, ya ni recuerda su motivo prístino, pero ahí estaba: 'Piedras abajo', un cuento extraño que me hizo recordar la lectura de Alazraki sobre lo neofantástico, y que además me hizo pensar en Bioy Casares (1914-1999) y en Julio Cortázar (1914-1984), en sucesos extraños que desdibujan al hombre común para hablar desde sus temores ocultos . Algo así, le he dicho a su autor -vía mail, la forma más rápida, en estos tiempos, de decir las cosas sin titubeos-, Mario Capasso (Argentina, 1953-), autor de éste y otros cuentos, además de su novela 'Edificio'. 

   Según la crítica que leí acerca de su obra, esta tiende a ser considerada como literatura de ciencia-ficción. Vamos a detenernos en este cuento, el que captó mi atención y que ustedes pueden encontrar en http://www.textos-en-escombros.com.ar/ Se trata de un cuento corto en el que se distinguen, claramente, dos mundos, donde lo inconmensurable está presente hasta el final. No hay una solución, para lo incompatible entre esos dos mundos planteados para la ficción, y notamos -los lectores- que en la vida real, en la realidad real, tampoco la hay. ¿Qué tiene este cuento de ciencia-ficción y qué tiene de fantástico, o en todo caso, de neofantástico? 

La particularidad de la literatura neofantástica es evidenciar aquello que no podemos notar -o que no queremos percibir o aceptar-, y que, además, desde mi punto de vista, como problema: no tiene solución, por lo menos, no inmediata, porque así son la realidad y sus actores, siempre reacia-reacios al cambio. El cuento evidencia la intolerancia hacia el 'otro' por el 'Otro', intolerancia disimulada por una realidad construida, simbólica. Para el personaje principal, ese otro es perturbador, su única posibilidad de escapar a la presencia de ese otro, es eliminarlo, pero ese otro es en realidad un conjunto, una masa de obreros que cumplen un rol dentro de la sociedad, que además tiene un comportamiento que hiere y golpea la realidad construida con una doble moral. Los obreros que, una vez culminado su trabajo, son visitados por mujeres con las que liberan sus instintos y protagonizan -ante la mirada desesperada de esa parte de la sociedad que cuida las formas, que pule, acomoda y disimula- encuentros sexuales. Estos dos mundos que no se tocan, como si fueran paralelos, donde los de abajo jamás miran a los de arriba, hacen de la obra un cuento de ciencia-ficción, a pesar de que en él no hay -aparentemente- nada que escape a las leyes de la física, si se piensa en un protagonista ubicado en su apartamento y que observa la labor de un grupo de obreros. Solo cuando notamos que este hombre no cesa de observar, que su familia, como en la metamorfosis kafkiana, acepta como normal esa situación y le llevan los alimentos al mismo lugar o cuando la hija se conforma con otro día igual con el padre apostado en su 'torre de vigilancia', sin decidirse a cumplir la orden de la madre: matarlo, es que -como lectores- aceptamos la propuesta del narrador que, con la actitud recurrente de sus personajes, nos muestra mundos irreconciliables, que nunca superan la famosa dicotomía: civilización y barbarie, y que se muestran -en 'Piedras abajo'- como dos dimensiones que tientan a reflexionar.

Para citar este texto:BROWN Abrisqueta, Mítzar. "Leer a Mario Capasso..." En: http://creacionycritica.blogspot.com/ Publicado: 11 de abril de 2008. Perú.

Fuentes:

ALAZRAKI, J. En: Teorías de lo fantástico / J. Alazraki ...[et al.]; introducción, compilación de textos y bibliografía David Roas Editor: Madrid : Arco/Libros, D.L. 2001

CAPASSO, Mario. "Piedras abajo". En: http://www.textos-en-escombros.com.ar/ Capturado: 4 de abril de 2008.

jueves, 3 de enero de 2008

La memoria y los puntos de vista en "Secretos del túnel" (2007), de Umberto Jara. Segunda parte.


La memoria y los puntos de vista en  Secretos del túnel (2007), de Umberto Jara. Segunda parte.

por: mitzar brown abrisqueta 

Los factores importantes en la propuesta de Umberto Jara: La existencia de dos operaciones militares, independientes entre sí, que se llevaron a cabo el día del rescate de los rehenes. Y, lo que es más complicado de comprobar pero que, según afirma el autor, es un elemento importante en lo que se ha denominado guerra de baja intensidad -expresión que, en estos días, hemos vuelto a oír durante el juicio a Fujimori-, que consiste en que para el gobierno de turno fue importante mostrar, sin dar lugar a dudas, su superioridad frente al grupo organizado que actuó al margen de la ley. Eso no tendría nada de extraño o reprobable -imponer el orden y hacer prevalecer la autoridad que la población, en un acto democrático, otorga -, pues aún cuando ya se había producido el auto golpe y no podríamos asegurar que se vivía en democracia, era evidente que el gobierno trataba de dar la sensación de que así era. Lo reprobable estaría en que para demostrar superioridad se habría recurrido a las mismas acciones que las del enemigo: matar, y negarle a la víctima el derecho a defenderse en un juicio. Así, el decidir de manera absoluta y arbitraria sobre la libertad y la vida de seres humanos, el considerarlos tan solo objetos de cambio o útiles para el escarmiento y sometimiento de voluntades de las masas, se convierte en la herramienta común a dos fuerzas que, supuestamente, tienen como fundamento la propia justicia y la equidad. En esta última década, el fenómeno de la violencia ha inquietado a los autores y los ha movido a escribir sobre él. La misión de estos textos, además de fijar en la memoria, la serie de hechos que ensangrentaron al país, puede ser la de invitar a la reflexión: revivir, analizar los hechos, sentir temor y piedad como propusiera Aristóteles al espectador de la tragedia griega, sin que ello implique pasividad, y sacar conclusiones que conduzcan al entendimiento de todos los sectores sociales. Y, sobre todo, no abandonar el discurso. 

// Para citar este texto: Brown-Abrisqueta, Mitzar."La memoria y los puntos de vista en : Los secretos del túnel, de Umberto Jara". En: http://creacionycritica.blogspot.com/ Publicado: 3 de enero de 2008. Consultado el: (colocar fecha de consulta del usuario)

viernes, 30 de noviembre de 2007

Para hablar sobre Manuel Scorza y su obra

Para hablar sobre Manuel Scorza y su obra

por mitzar brown abrisqueta

Los días lunes 26, martes 27 y miércoles 28 de noviembre se llevó a cabo el Simposio: Re-descubriendo a Manuel Scorza, organizado por el crítico literario Tomás G. Escajadillo, con el auspicio de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Universidad Ricardo Palma. Fueron tres días de un verdadero re-descubrimiento de la obra y de su autor, durante los que se habló de su poesía y narrativa, pero, sobre todo, se contó anécdotas y situaciones, que, aunque algunas de ellas -otras tantas, no- ya de conocimiento de todos los que ahí estuvimos, significó mucho comentarlas nuevamente para deleite de un selecto público, gran parte de él muy vinculado a la vida de Manuel Scorza.

Un hermoso detalle del promotor y director de esta actividad, Tomás G. Escajadillo, fue el de facilitar antiguas ediciones de las novelas y poemarios de Scorza, así como revistas con artículos dedicados al escritor, para que los asistentes pudieran apreciar. El conversatorio, que tuvo como invitada de honor a la señora Lily Hoyle, contó con las exposiciones de: Tomás Escajadillo, Arturo Corcuera, Gonzalo Espino, Antonio González Montes, Wilfredo Kapsoli, Miguel Ángel Huamán, Dorian Espezúa, Mauro Mamani, Jorge Valenzuela, y esta servidora, Mtzar Brown. Se cerró con vino de honor y un bonito departir entre los asistentes. Desde aquí van mis sinceras felicitaciones por la iniciativa de revalorar al escritor Manuel Scorza y su obra, y de poner fin a lo que con justa razón, el profesor Escajadillo, ha denominado: 'la conspiración del silencio'.

Para citar este texto:

Brown Abrisqueta, Mitzar. "Para hablar sobre Manuel Scorza y su obra".

En: http://creacionycritica.blogspot.com/ . Entrada 30 de noviembre de 2007.

sábado, 10 de noviembre de 2007

La memoria y los puntos de vista en "Secretos del túnel" (2007), de Umberto Jara. Primera parte.

La memoria y los puntos de vista en  Secretos del túnel  (2007), de Umberto Jara. Primera parte.


Por mitzar brown abrisqueta
Una nueva lectura me invita a reflexionar sobre hechos que en su momento fueron ampliamente comentados, con apreciaciones que tal vez estuvieron determinadas o influenciadas por las circunstancias o por los temores y la euforia del momento -sentimientos que provocó, en todos, aquel hecho en sí, en su inicio, durante él y al finalizar-, aquél que nos hizo calibrar el posible alcance de la demencia de un grupo preparado para matar pero que no pudo culminar con éxito su 'hazaña'. Me refiero a la toma de la residencia del embajador de Japón en el Perú, el 17 de diciembre de 1996, por el grupo terrorista MRTA; toma que se prolongó por 126días. Harto de tanta noticia, a la vez que sumido en la tristeza compartida de tener que continuar con sus actividades cotidianas -a sabiendas de que en un punto de la ciudad un grupo de personas vivía sin sus certezas, a expensas de mentes enajenadas, que habían perdido de vista el ideal prístino de su movimiento: la lucha por la equidad y por la justicia social, ideal que en algún momento pareció sensato-, el común de ciudadanos vio finalizar el suceso, como un éxito para el gobierno fujimorista, que consiguió rescatar con vida a la casi totalidad de rehenes. El saldo de muerte fue: un rehén, dos oficiales de las FFAA y la totalidad de terroristas que se hallaban en el interior de la residencia al momento del rescate. Umberto Jara se vale del testimonio de varios de los rehenes para, según los diversos puntos de vista de éstos, recrear el hecho casi en su totalidad. Además, intenta poner al descubierto la existencia de un pelotón militar que -por orden del gobierno- se habría encargado de asegurarse de que no quedaran terroristas con vida. La obra constituye, a la vez que una censura a la actividad terrorista del grupo emerretista, una crítica al gobierno por haber ordenado que un escuadrón de la muerte ingresara a la residencia. Ambas formas de matar -consignadas por Jara- están reñidas con la justicia, y ambas, esta vez, vienen de posiciones extremistas que privilegian un fin sin importar los cómo ni los porqués. Muchas historias se unen para recrear aquella situación que es común a todas: el secuestro. Sólo ese hecho es suficiente para que todos los que fueron retenidos contra su voluntad, tengan desde ese día gris algo en común: la falta de libertad, acompañada de la humillación de tener que compartir mínimos espacios que pronto carecieron de condiciones indispensables de salubridad, donde no cabía el respeto por el espacio ajeno, porque no había tal, pues todo comenzaba -el día del secuestro- a ser de todos, con sus hedores, ronquidos y malestares de todo tipo; y duraría -menos mal que con más de dos centenares menos de secuestrados que poco a poco fueron liberados- casi cuatro meses, durante los que según narran -al autor- los sobrevivientes de esa pesadilla, tendrían todos que aprender a organizarse para sobrellevar, lo más dignamente posible, ese estado de cautiverio al que fueron sometidos por los que, fuera de ese mini contexto, eran señalados por la justicia, pero que ahí, habían logrado, metralleta y granadas en mano, invertir el orden. Un grupo que empezó revolucionario y demandante de justicia social, se trocó en terrorista y criminal, en algún momento de su largo camino. La paradoja de lo que acabo de decir, es que la acción de 'trocar' implica 'revolucionar' dar un giro, producir un cambio tremendo. La revolución primaria -a mi parecer- ya nada tiene que ver con esa segunda revolución que experimentan los movimientos como el MRTA.
Fuente:
Umberto Jara.
2007 Secretos del túnel. Editorial Norma. Perú.
Para citar este texto:
Brown Abrisqueta, Mitzar. "La memoria y los puntos de vista, en Secretos del túnel, de Umberto Jara". Primera parte. Entrada:10 de noviembre de 2007.

miércoles, 31 de octubre de 2007

La esperanza como elemento de la trama en El coronel no tiene...

La esperanza como elemento de la trama en El coronel no tiene quién le escriba.

por mitzar brown abrisqueta*
La lectura de la novela aquí propuesta (ver entrada anterior) nos muestra una historia sencilla, pero de profundo contenido que llama a la reflexión por tratarse de un tema común a muchas sociedades. Estas, por lo general, están organizadas de tal manera que hacen pensar, a sus miembros, que todo ha de ser como dice la ley. Aunque nos sobren ejemplos para pensar lo contrario, siempre habrá esa tendencia generalizada a creer y a confiar en un orden y en una justicia, supuestamente nacidos del consenso entre los interesados: los habitantes de un mundo 'n'. Así, en la novela vemos cómo el coronel lleva esperando, durante quince años ya, que el gobierno de su país le otorgue la justa pensión por sus servicios durante la guerra interna. Él espera, cada viernes, la llegada de la carta oficial. La historia transcurre completa y la carta no llega jamás, pero es la constancia y la fe del coronel lo que llama la atención. Además, mientras tanto, él debe cubrir los gastos ocasionados por la enfermedad de su postrada esposa, los gastos domésticos y, la manutención del gallo de pelea heredado de su hijo Agustín asesinado debido a sus actividades clandestinas en contra del gobierno. En este punto, el lector observa que a la espera de la carta oficial se suma otra: que en el mes de enero el gallo gane la pelea para la que el coronel lleva preparándolo e invirtiendo. Aunque el mes de enero está aún lejano para el coronel que tiene más confianza en el Estado, para el lector, es una posibilidad más factible que el gallo genere algún beneficio. El problema es lo costoso de su crianza, que para la esposa -más pragmática-es un sinsentido. Las advertencias de esta y la falta de dinero operan como antihéroes frente al romanticismo del coronel -el gallo era de su hijo-, situación contra la que él debe luchar. ¿Cómo opera el sentimiento de la esperanza en la mente de alguien como el coronel? ¿Cuál es el límite entre esperanza y desesperanza? La noción 'esperanza' (Falgueras) ofrece tres grados: la esperanza-sentimiento o esperanza- pasión; la esperanza-hábito; y la esperanza-don. Esta última tiene más una connotación metafísica, por lo tanto nos interesan más las dos primeras. La esperanza-pasión o sentimiento, es aquella que induce al hombre a actuar para conseguir lo que lo atrae, pero debe ser un bien naturalmente posible, aunque implique un gran esfuerzo pues 'lo arduo' es la característica principal de ese bien. El problema está en que, como es vista como naturalmente posible, el hombre tiende a creer en su realización sin que sea necesario obrar en demasía, lo que deviene en desesperanza al hacerse inalcanzable su objeto de deseo. El ímpetu provocado en un inicio no mantiene el vigor necesario para que se concrete la obtención del objeto deseado. Contrario a lo anterior, existe la esperanza-hábito o esperanza-afecto, que es la que promueve a la acción del hombre hacia el cambio en pos del logro deseado, es su hacer el que va a primar y no la idea de lo naturalmente posible, donde lo aleatorio de los factores exógenos -al que desea- gobiernan. "La esperanza-afecto es ya un hábito, no una mera pasión o tendencia, y nace de la productividad humana, o sea, de la capacidad que tiene el hombre de hacer posible lo que no es naturalmente posible" (Falgueras). En el coronel..., se observa una tendencia a creer que lo que él espera es algo natural, un derecho que ha adquirido, en mérito a sus servicios al país, que aunque implicaron un esfuerzo no se trata aún, en este punto de la trama, de una esperanza basada en la productividad, ya que el accionar en pos de su objeto es todavía mínimo, él confía plenamente en que la pensión le será otorgada, para él sólo es cuestión de esperar. Es solo el pragmatismo de su mujer, lo que mueve al coronel a actuar y cambiar, por lo menos, de abogado. Sus energías están más bien encaminadas a la manutención del gallo de pelea del que espera obtener ganancias. Aquí si está claramente definida la esperanza-hábito que lo mueve a actuar. La intención de analizar el elemento esperanza en la obra de García Márquez es la de reflexionar sobre qué tan posibles pueden ser los sueños o deseos y qué tanto el hombre mismo puede intervenir para llevarlos a cabo. Otras obras nos muestran a personajes que, como el coronel de García Márquez, esperan un suceso que habrá de producir un cambio en sus vidas. Es el caso, por ejemplo, de la novela de Erskine Caldwell, El camino del tabaco, donde el personaje principal confía en que las tierras de su propiedad volverán a producir en cuanto obtenga el dinero para adquirir los insumos necesarios. La paciencia que muestra este personaje recuerda al coronel. Otro caso es el personaje Gÿörgy Kóves, en Sin destino, de Imre Kertez (Nobel 2002). La trama, y las cirscunstancias no tienen nada en común con las antes comentadas, pero la nobleza de Gÿörgy, su capacidad de adaptación a cada nueva situación, con la única finalidad de conservar su vida, hace pensar en el factor esperanza-afecto como motor de su hacer en pos de su salvación, donde aun cuando el mundo oscuro del totalitarismo nazi lo considera despojo, él siente que la vida no lo abandona.
*para citar este texto:
Brown Abrisqueta, Mitzar."La esperanza como elemento de la trama en El coronel no tiene quién le escriba, de Gabriel García Márquez". En la Red: http://creacionycritica.blogspot.com/Entrada:31 de octubre de 2007. Perú.

Fuentes: FALGUERAS Salinas, Ignacio. 2007 Esperanza y juventud.Glosa coloquial de un pasaje de Tomás de Aquino. IV Jornada filosófica del IEFLP: Bioética y persona. En Miscelánea poleana.Revista de prepublicaciones del Instituto de Estudios Filosóficos Leonardo Polo.Serie de Filosofía, nº 16 http://www.leonardopolo.net/revista/mp16.htm#_ftnref2 García Márquez, Gabriel. 1986 (1961). El coronel no tiene quién le escriba. Oveja negra. Bogotá.

    La vergüenza en el cuento “Peregrinación” de Susan Sontag* mitzar brown   El cuento aparece en Declaración. Cuentos reunidos . A...