miércoles 18 de enero de 2012

Boletín N°1 del Instituto Raúl Porras Barrenechea

Estimados lectores:
Aquí les dejo la información correspondiente al primer boletín del
año del Instituto Raúl Porras Barrenechea:

INSTITUTO RAÚL PORRAS BARRENECHEA
Centro de Altos Estudios y de Investigaciones Peruanas
UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS
Calle Colina Nº 398, Miraflores
Teléfono: 619-7000 anexo 6102, 445-6885
institutoraulporrasb@gmail.com
Boletín Informativo N° 1
Enero-Febrero 2012
ENERO
6:00 p.m. C.C. Al Andalus
acercando mundos diversos
II Curso: Introducción al mundo árabe
Del 23 al 26 de enero

Lunes 23
Juicios y prejuicios sobre los árabes y musulmanes, Dr. Farid Kahhat
Martes 24
Influencia árabe en la arquitectura colonial (siglos XVI y XVII), Arq.
Carlos Cosme
Miércoles 25
Relación comercial y oportunidades de negocios con el mercado árabe,
Mg. Mario Ocharan
Jueves 26
Relaciones entre el Perú y los países árabes, Emb. José Beraún Araníbar
Lugar: Auditorio del Instituto Raúl Porras Barrenechea (Colina 398, Miraflores)
Inversión
Profesionales: 120 nuevos soles
Estudiantes pregrado: 80 nuevos soles
Cta. en Soles del BCP: 193-17685605-0-46
Informes e inscripciones
dialog@ccalandalus.org / Telf.: 431-1535
Para confirmar su inscripción envíe copia escaneada del voucher de
pago. Recibirá la confirmación a la vuelta de correo.

ENERO/
FEBRERO
Primer Taller de Actualización en Corrección de Textos
31 de enero, 2, 7, 9, 14 y 16 de febrero
De 6:30 p.m. a 8:30 p.m.

TEMARIO
31 de enero
1. La corrección de textos como oficio
a. Antecedentes
b. Aptitudes y herramientas del corrector
c. Campo de trabajo y tarifas
d. El corrector del siglo XXI
Profesor: Fernando Carbajal
Jueves 2 de febrero
2. La corrección: más allá de la ortografía
a. Normas actuales de ortografía de la RAE
b. Casos de ortografía dudosa
c. Palabras de doble acentuación. Usos en el Perú.
Profesora: Rosario Arroyo
Martes 7 de febrero
3. Errores gramaticales
a. La discordancia
b. La concordancia nominal y verbal. Casos difíciles.
c. El haber
d. El gerundio malo. ¿Cómo identificarlo?
Profesora: Sofía Rodríguez
Jueves 9 de febrero
4. Errores frecuentes en la redacción
a. Los textos redundantes
b. La pobreza léxica
Profesor: Fernando Carbajal

Martes 14 de febrero
5. La palabra en el texto
a. La significación. El uso de la palabra precisa en el texto.
b. Las palabras "depredadoras" más comunes en el castellano actual
c. El tratamiento de los neologismos, tecnicismos y extranjerismos
Profesora: Sofía Rodríguez
Jueves 16 de febrero
6. La ortotipografía en el trabajo del corrector
a. Concepto
b. Diferencias entre la ortografía técnica, la ortografía científica y
la ortotipografía
c. Códigos tipográficos y manuales de estilo
d. Algunas de las más importantes reglas de ortotipografía
Profesora: Rosario Arroyo
Metodología
Son seis charlas teórico­prácticas.
Certificación
Ascot Perú otorgará certificado de participación a las personas que
asistan a cinco de las seis charlas del taller.
Lugar
Auditorio del Instituto Raúl Porras Barrenechea (calle Colina 398, Miraflores)
Costo del curso
El pago por la inscripción asciende a S/. 200. Deberá abonarse en el
Banco de Crédito del Perú. Cuenta de ahorros en soles: BCP
194-20244936-0-29
Informes
Ascot Perú
Web: http://www.asociaciondecorrectores.org.pe/ / Correo electrónico:
info@asociaciondecorrectores.org.pe
Teléfonos: 99738-6806, 99927-8607, 99708-8713

sábado 7 de enero de 2012

Lista parcial de finalistas Novela Corta MVLL

Hoy se publicó una parte de la lista de novelas preseleccionadas del
Primer concurso Internacional de Novela Corta Mario Vargas Llosa. Aquí
el link:
http://filarequipa.pe/2011/finalistas-del-concurso-de-novela-corta-mvll

sábado 24 de diciembre de 2011

Anuncian fecha para final Concurso Novela Mario Vargas Llosa filarequipa

En la página de FIL Arequipa se lee:

Mario Vargas Llosa estará presente en premiación del concurso de ...
Tercera Feria Internacional del Libro – FIL Arequipa 2011 ... Mario
Vargas Llosa estará presente en premiación del concurso de novela corta
que lleva su nombre ... El trabajo ganador de este concurso se dará a
conocer el 9 de marzo de ...
<http://filarequipa.pe/2011/mario-vargas-llosa-estara-presente-en-premiacion-del-concurso-de-novela-corta-que-lleva-su-nombre>

miércoles 30 de noviembre de 2011

Fwd: Cine-foro por el Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer






Cine-foro por el Día de la Eliminación de la                                         Violencia contra la Mujer
 Viernes 2 de diciembre de 2011
 7 p.m.
 Auditorio del Instituto Raúl Porras Barrenechea
 Calle Colina 398- Miraflores
          
          El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer se conmemora el 25 de noviembre de todos los años. En esa fecha, en el año de 1960, el dictador de República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo ordenó el asesinato de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas opositoras al régimen. La ONU ha invitado a los gobiernos, organismos internacionales, y organismos no gubernamentales, a realizar en esa fecha actividades que sensibilicen al público con el tema conmemorado.
        La Asociación Dominicano-Peruana, con el fin de recordar ese día y contribuir a la lucha contra la violencia hacia la mujer, organizará un cine-foro, en el que se exhibirá la película histórica "En el tiempo de las mariposas" (EE. UU. - México, 2001; director: Mariano Barroso), basada en el mencionado episodio. El evento contará con la participación del Excelentísimo Embajador de la República Dominicana en el Perú, Señor Doctor Rafael Julián.
     Al final de la proyección, se procederá a un conversatorio con la participación del público asistente.

Ingreso libre
Se agradece la difusión






--
Enviado por Jullisa Falla Aguirre
 

sábado 3 de septiembre de 2011


Ensayo: La palabra exacta, en la poesía de Blanca Varela.

Por Mítzar Brown Abrisqueta



Noche / vieja artífice/

ve lo que has hecho de la mentira/ otro día/Blanca Varela





Leer la poesía de Blanca Varela (Lima, 1926) implica un doble pero grato esfuerzo de tener que aislarse de la realidad inmediata e introducirse casi a ciegas en el universo abstracto expuesto por la artista. Doble abstracción entonces, la de la poeta y la de su lector anónimo, en confluencia no sincrónica que el texto “permite” como una exigencia para ser disfrutado. La noticia, hace casi dos años, de que la poeta peruana se convertía en la primera mujer ganadora del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, que “tiene como objetivo premiar el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la literatura hispánica” (Tapia: 2006), nos sorprendió aquella mañana del 11 de octubre. Fidel Villar (2006) afirma que una de las alternativas -de los poetas de hoy- frente al uso inadecuado de la palabra es el silencio, o en todo caso es la de “(…) cuidar que el lenguaje no exprese más allá de lo que la propia palabra contiene o también (la de) intentar transformar un género literario en expresión pura de sí mismo. Siendo de esta forma, la poesía instaura una realidad que no tiene más existencia que en sí misma”. En este sentido, Villar ubica a Blanca Varela, a propósito del premio mencionado, dentro de la estirpe de poetas como Mallarmée, Rimbaud y Lautréamont, que –afirma- dieron preeminencia a la palabra en sí, y no a las ideas, para elaborar poesía. Así, por hallarse la palabra “cansada de significaciones” se la debía “radicalizar hasta sus propios límites”.A lo anterior se suma el Premio Reina Sofía, XVI Premio de Poesía Iberoamericana, que se le otorgó en mayo de 2007 y que fue recibido, en el mes de noviembre, por su nieta Camila de Szyszlo. Además fue nominada para el Premio Miguel de Cervantes, considerado premio Nobel de las letras castellanas, y que, en esta ocasión, ganara el poeta argentino Juan Gelman.Poeta vinculada a la Generación del 50, su obra es -en un comienzo- considerada poesía pura, en oposición a la poesía social, una clasificación bastante radical que hoy tiende a desaparecer. Sobre este tema, se ha discutido mucho: qué tanto se puede o se debe exigir a un poeta que comprometa su arte con la realidad social, o qué tanto una obra de arte deja de serlo por carecer de una estética aprobada por el canon vigente. Cuando Róger Neyra (2004) le pregunta sobre ello a Arturo Corcuera, éste responde:…. En el mundo socialista se equivocaron los que impusieron directivas en ese sentido. En el Perú, felizmente nos nació Mariátegui, que apreciaba mucho a José María Eguren (…). Él comprendía a los artistas, y en el ensayo que le escribe a Eguren expresa: El arte es una evasión cuando el artista no puede aceptar ni traducir la realidad y la época que le tocan (sic). Estos artistas maduran y florecen extraños y contrarios al penoso sufrimiento de sus pueblos…. (El resaltado es de propósito) En la estética de Varela se percibe más el aprecio por la palabra y el significado pleno que la autora selecciona y otorga desde su mundo interior, antes que un interés frío por conservar la métrica o la rima. El significado pleno, al que me refiero, es aquél en el que está ausente –en la palabra– toda contaminación (Villar, 2006) producida por los excesos de carga semántica que el uso le da y que, cuando no la desgasta, la embota, con lo que pierde esencia. La autora cuenta cómo, cuando niña, jugaba con los significados de las palabras: “Recuerdo claramente que no me gustaba mucho lo que me rodeaba y que, al mismo tiempo me gustaban demasiado las palabras, su sinsentido, su música” (Varela, 2002:86). Habla también de su dificultad para integrarse –en los años cuarenta– al mundo estudiantil mayormente masculino, dificultad que se vio aligerada por la amistad de Sebastián Salazar Bondy y del círculo de jóvenes poetas con los que se identificó inmediatamente para sumergirse en el mundo de todas las artes. Destaca la influencia de Emilio Adolfo Westphalen y de José María Arguedas, al que –cuenta– dedicó secretamente su poema Puerto Supe, que por sugerencia de Octavio Paz, cambió de nombre por Ese puerto existe; y, señala la importancia –para su poesía– de su posterior reencuentro con el poeta mexicano. Dice ella: “Existen, es verdad, un instinto y un azar electivos. Solo así, puedo explicarme también, por qué tuve la suerte de toparme durante aquel frío y oscuro invierno de un París de la posguerra con Octavio Paz. Sin su ejemplo, jamás hubiera perseverado en mi empeño de escribir poesía” (:88). Podemos afirmar –entonces– que su poesía es el resultado de una concentración de significados precisos, expuestos con economía. Su obra que, últimamente, ha sido más estudiada desde la perspectiva de una literatura de género, me permite, sin embargo, y gracias a que la poeta reconoce –en su entrevista con Fietta Jarque–, (2001), la influencia Zen en Canto villano, hurgar en ella, en busca de sus coincidencias con la estética haikiana. No es solo desde el poemario Canto villano –sino desde la mayor parte de su obra– que puede apreciarse que la estricta norma, métrica de diecisiete sílabas distribuidas en tres versos, del haikú moderno, no impide que la autora tome, de esta perfecta poesía japonesa, lo que conviene a su poética, como la brevedad y lo natural, al margen de la formalidad silábica. Y, como afirma Modesta Suárez (2002: 46), sobre la poesía de Varela, “(…), las imágenes son las que construyen paso a paso la estructura de los poemas cuyos versos no están realmente sostenidos por los juegos verbales ni por la rima”. Por otro lado, cuando Octavio Paz y su amigo japonés Eikichi Hayashiya deciden, en 1955, traducir la obra Oku no Hosomichi, (Sendas de Oku) de Matsuo Basho, creador de la forma haikiana, deben sacrificar la música al contenido –es decir, la métrica, no hablemos de rima, pues los haikú carecen de ella. En la Advertencia que hace Octavio Paz en la primera edición (1956) se lee: (…) y cuyo lenguaje, poseído por un infinito respeto al objeto, no se detiene nunca sobre las cosas sino que se contenta con rozarlas. La traducción de los poemas –sacrificando la música a la comprensión– no se ajusta a la métrica tradicional del Haikú pero en muchos casos se ha procurado encontrar equivalentes en español de la concentración poética del verso japonés y de sus medidas silábicas. (2003:31)
Con esto, quiero destacar que el hecho de que la métrica pueda ser obviada, cuando de rescatar la esencia se trata, me permite afirmar que el vínculo de la poesía de Varela con la poética haitiana es la esencia de esta última –su brevedad, la concentración de significados– y no tanto lo formal.


   Hagamos aquí una pausa para una exposición sucinta sobre cómo llega a occidente la influencia Zen. Es alrededor del siglo V d.C. que esta filosofía –gracias a los intercambios   comerciales entre los países del oriente, y al afán imperialista chino– es introducida a Japón, por el primer patriarca Zen japonés, Daruma, discípulo de Tamo, patriarca de la China. El budismo Zen llega a la China desde la India, donde el patriarca es Bodhidharma. Esta filosofía influye no solo en el pensamiento chino y japonés sino también en su arte. El Daruma japonés se inspira en el Mahayana, que es el budismo del gran vehículo y que afirma la doctrina del no-ego donde el yo individual es una ilusión; tampoco hay un Dios reconocible, de teología esclarecida. Esta negación del yo y del Dios concreto y reconocible no debe ser confundida con una postura nihilista, ya que, como negación, es sólo un camino para alcanzar una afirmación suprema. Trasladada esta filosofía a la literatura, es en el género lírico en donde tiene a su más alto representante: el japonés Matsuo Basho (1644-1694). Él llevó la forma haikiana a su máxima expresión. Uno de sus poemas más conocidos es: “Todo en calma; / penetra en las rocas / la voz de la cigarra”. Vemos que, además de la brevedad de sus diecisiete sílabas –al ser traducido, del japonés, se hace un esfuerzo por mantener la métrica, sin embargo, puede observarse que no se ha considerado la sinalefa para el conteo de las sílabas en español– el haikú, necesariamente, incorpora elementos de la naturaleza que llevan implícito el tiempo o estación del año a la que alude el sentido del poema, en este caso, el estío. Es “la cigarra” la que oficia de elemento que convoca a la mente del lector la estación veraniega. Este mismo poema tiene una traducción, más actual, algo distinta –de Eikichi Hayashiya– pero que coincide mucho: “Tregua de vidrio: / el son de la cigarra /taladra las rocas” (Basho, 2003:135). En la nota aclaratoria correspondiente, Paz compara esta última traducción de su amigo japonés con otra anterior, la suya: “Quietud:/los cantos de la cigarra/penetran en las rocas” (2003: 208). Justamente, es Paz (2003:42) el que insiste en la influencia de la “actitud Zen” en todas las artes, y que, en ellas, el Zen alude a la vez que elude; cita a Chicamatsu, que dice: “El arte vive en las delgadas fronteras que separan lo real de lo irreal” y “El poeta no dice: esto es triste sino que hace que el objeto mismo sea triste, sin necesidad de subrayarlo”. ¿Cómo conseguir esto último si no es porque se nombra al objeto, con exactitud, sin excesos, ni adornos? El haikú se difunde en la literatura occidental desde los inicios del siglo XX. En 1905, en Francia, Paul Louis Chochoud publica un primer poemario de clara influencia Zen, y en 1906, Los epigramas líricos de Japón. En Inglaterra, entre 1905 y 1912, varios poetas manifiestan su preferencia por esta forma poética, entre ellos destaca Ezra Pound (1885-1972) para el que era preferible presentar una sola imagen, en la vida, a una obra voluminosa. En España y América, el haikú no resultó una forma ajena debido a su similitud con la brevedad de los epigramas, las adivinanzas y las seguidillas. En México, es introducido por José Juan Tablada (1871-1945), poeta vinculado al Modernismo y al inicio del Vanguardismo, y que visitó Japón en 1900. Octavio Paz –poeta influyente en el quehacer poético de la autora Varela– señala, sobre Tablada, que: “Sus pequeñas y concentradas composiciones poéticas, además de ser el primer transplante al español del haikú, fueron realmente algo nuevo en su tiempo” (2003:20-21). Aunque, como Paz recuerda, Tablada solía llamar haikai, en vez de haikú, a sus poemas debido al contenido irónico y a la “imagen brillante”. Quiero indicar que, tanto en los haikú como en los haikai, la sorpresa –expuesta en imágenes– es un componente que complementa a los elementos tiempo-espacio que son convocados también por ingeniosas imágenes. Se puede decir que –en general– los poetas hispanos, influenciados por lo haikiano, rescatan la brevedad y la precisión para nombrar de esta forma poética, aunque varían el número de sílabas. Y es, reitero, en los poemas de Canto villano donde se observa la sutil presencia de la filosofía Zen; sobre todo, en los nueve primeros poemas, que muestran el gusto de la autora por condensar y capturar momentos o circunstancias que suelen pasar desapercibidas, como en “Después”, donde la breve sombra de una rosa inquieta los sentidos: tras la rosa / sombra (Varela, 2005: 28). Economiza significantes, pero cada uno de ellos es capaz de suscitar, en el lector, aquello que la poeta no ha hecho explícito, en su afán de ser exacta. La precisión –la correspondencia de la palabra con su objeto– parece ser la regla de oro en su obra. Así, el poema Justicia, no carente de cierta ironía, resume en seis versos la complejidad de la cadena (alimenticia) ecológica. Evidencia el sentido de la continuidad a la vez que el sinsentido del hecho de vida individual, lo fugaz y lo frágil de éste, para priorizar la trascendencia de los seres vivos como especie. Encuentro en su estética un sinsentido de lo singular que cobra sentido en lo universal. O, como señala Paz con respecto a la doctrina Zen: (…) Para provocar dentro del discípulo el estado propicio a la iluminación, los maestros acuden a las paradojas, al absurdo, al contrasentido y, en suma, a todas aquellas formas que tienden a destruir nuestra lógica y la perspectiva normal y limitada de las cosas. Pero la destrucción de la lógica no tiene por objeto remitirnos al caos y al absurdo, sino, a través de la experiencia de lo sin sentido, descubrir un nuevo sentido. Sólo que este sentido es incomunicable por las palabras. Apenas el humor, la poesía o la imagen puede (sic.) hacernos vislumbrar en qué consiste la nueva visión (2003: 40). Así como a Matsuo Basho en su poema de la cigarra, que alude a una determinada época del año, le es suficiente la utilización de la imagen, Blanca Varela no necesita ni busca explicar lo que, de por sí, alude su pequeña composición poética. En “Justicia” vemos que el gusano está expuesto al apetito del pájaro y éste, a su vez, al del hombre, que inexorablemente habrá de calmar el apetito del gusano que se encarga de cerrar y reiniciar el ciclo, que para Edgar O’Hara (1984: 42) transmite el sentimiento del eterno retorno. Esa ironía, a la que aludo, podría situar al poema de Varela, no solo como haikiano, sino también como haikai, forma que cultivó aquel otro exponente de la lírica japonesa, Teitoku -muy inclinado a la imagen brillante- al que se acercó más la poesía del mexicano Tablada (Paz, 2003: 20).

   En su obra, está claro que -como afirma ella- le interesa la poesía como expresión (Prain, 2001) y no como juego verbal; la ausencia de rima y de una métrica fija no afecta a la cadencia de sus versos. Para comprobarlo, léase en voz alta, e incluso en silencio, el poema “Monsieur Monod no sabe cantar” (2005: 49), en donde se aprecia el fluir de las ideas, propio del surrealismo, influencia que recibió durante su juventud, y que –según la estética de esta corriente– tiende a automatizar el arte, pero que en Varela, que afirma haberse sentido identificada con los surrealistas (ver Rosas 2002: 71), no se hace radical ni carente de lógica sino que fluye sin que la autora permita que los versos se abran en explicaciones que podrían parecer confesionales o querer narrar una historia, sólo deja que cada verso evoque algo y se concatene de inmediato al verso siguiente que, a su vez, va señalando el rumbo, en una lógica peculiar. Múltiples elementos de la realidad salen de su simplicidad: ‘agonía de mosca’, ‘la obscenidad de los geranios’, ‘la vergüenza del ajo’, ‘los gorrioncitos cagándose’ o ‘la patita de cangrejo atrapada’, para acompañar a las elucubraciones del Yo poético en torno al amor desvanecido. Es clara la influencia haikiana: “Piojos y pulgas: / mean los caballos/cerca de mi almohada” (Basho, 2003: 125). En los poemas de El libro de barro (2005: 67-89), nuevamente, aparece una característica haikú. Es el hecho de no poner título al poema, también ronda el tema haikiano de la creación, lo óseo es la esencia del alma: “(…) El corazón del eclipse, el viaje y el negro esplendor de la música carnal allí adentro, en el hueso del alma” (2005: 74). Como lo es la costilla, del cuerpo de una Eva implícita, en: “HUNDO la mano en la arena y encuentro la vértebra perdida. /La extravío al instante. (…)” (2005: 67). En el mismo poema, leemos: “(…) El mar huele a vida y a muerte…” donde la vida y la muerte están en tensión; obsérvese que son el dolor y la memoria, imbricados, en sucesión regresiva de ecos tras lo prístino: la vértebra, el discurrir, y la muerte. O, como afirma Bethsabé Huamán (2002: 54) “(…), como si la palabra fuera ese barro primigenio sobre el cual se experimentó el mundo (…)”.El tema de la fugacidad de la vida, de su fragilidad, vuelve en Concierto animal (2005: 93-120). Une lo afectivo a lo sensorial, en palabras que connotan desazón, el Yo poético se transforma en el ‘hálito de la rueda’, ‘el cencerro de la tempestad’ o en el ‘burbujeo del cieno’ para que su clamor sea oído, (2005: 100). Es el quid de la poética haikiana mediante el cual el Yo lírico se sacrifica para transformarse en lo observado y hablar desde su objeto. Apela a los ruidos producidos, por aquellos elementos, para capturar la atención de su lector implícito: “Si me escucharas…”.En sus inicios, Blanca Varela utiliza un Yo lírico masculino; ello se observa en Ese puerto existe. Hecho que, en alguna ocasión, la autora ha señalado se debería a la época en la que comenzó a escribir, cuando predominaba la escritura masculina. Vemos que, en líneas generales, sacrifica no sólo el género sino también la persona desde la que se expresa; es ambigua, ambivalente, porque se funde con su objeto. Sobre la preeminencia de la escritura masculina, en nuestra literatura, Marco Martos nos dice: La poesía peruana del siglo XX, aparte del caso de Magda Portal, fue privilegio de varones. Dos de ellos, César Vallejo y José María Eguren, copan, ellos solos, con la calidad de sus versos, cuatro décadas de poesía en el Perú. En los años cuarenta, dos jóvenes poetas, Jorge Eduardo Eielson y Sebastián Salazar Bondy, se reunían en los alrededores de la Universidad de San Marcos con una incipiente escritora, menor que ellos mismos. Blanca Varela había nacido en 1926 y tenía una profunda vocación literaria que desarrollaría recién a partir de 1959, cuando publicó en Veracruz, México, con un prólogo de Octavio Paz, su primer libro Ese puerto existe. (2002:74) Además, Martos define a la autora como “una poeta que excava en sus propias entrañas y que establece un curioso contraste entre una dicción límpida y el sentimiento exacerbado de estar arrojada en el mundo” (2002:77). En la poesía de Varela, la vida, lo orgánico, y la muerte, son parte del drama interno que sufre el Yo poético y que es transferido al lector como un cuestionamiento sobre su destino inexorable y que la autora llama ‘impostergable ceremonia’. En Nadie nos dice (:143), de El falso teclado (2005: 127-143), el tema es el desconocimiento de cómo enfrentarse a la muerte cuando es la propia. El eje temático del poema, donde el comportamiento instintivo de ‘el perro de la casa’, ‘el gato’ o ‘el elefante’, ante ella -la muerte- sirve de modelo que señala la simplicidad de un hecho que, de ordinario, se cubre de eufemismos por su condición de incierto y desconocido. Es eso, el misterio imposible de develar por ser alguno, el que está planteado en este poema que consigue cuestionar la creencia de la muerte como el paso a algo desconocido cuando es en realidad un final. Es el tema recurrente, es el ciclo de la vida:………………. /

………………. /

cambiar el paso/

acercarse/

y oler lo ya vivido/

y dar la vuelta/

sencillamente/

dar la vuelta (:142-143)

Sobre este tópico de la muerte y de la finalidad de la vida como ser individual es preguntado el poeta peruano Arturo Corcuera, ganador del Premio de poesía Casa de las Américas 2006. El poeta dice: “Después de los 50 nos ronda la idea de la muerte. A veces pienso que el verdadero descanso tal vez consista en que nadie se acuerde de uno, que nuestro nombre resulte extraño (…) que el tiempo haga con nuestros versos lo que los gusanos hacen con nuestro cuerpo (…)” (Neyra, 2004: 16). No es, pues, la muerte del individuo lo más importante, aunque tampoco es presentada como vana o inútil; Varela reflexiona sobre ella pero de la misma manera como lo hace con respecto a lo cotidiano, que según Ina Salazar (2002: 19) “sirven para convocar inquietudes ontológicas” y confrontar lo “circunstancial y lo trascendente”. En su poema “Otro” (:135) retoma el hecho de la continuidad de la existencia como fundamento, la vida en términos de secuencia no-interrumpida, la preeminencia de la raza humana sobre la individualidad del ser, que se torna eslabón carente de peculiaridad para permitir con su sacrificio inexorable la regeneración de la vida, además del equilibrio ecológico. Nuevamente constatamos la abstracción del haikú y la presencia de la filosofía Zen, donde la individualidad desaparece, donde el no-yo permite el hecho de la supremacía del universo como un todo vital, un sistema. En “Otro” está implícita la descomposición de un organismo, es el Yo que, nuevamente, se sacrifica para ser observado como el modelo de la interminable cadena, se acepta como parte que prioriza el fin supremo de la existencia del ser, que es biodegradable para volver en una nueva forma de vida, cualquiera del sistema: “aleteando o mugiendo” (última línea del poema). Las líneas iniciales condensan, con humildad del Yo lírico, su entendimiento del rol que le toca en la vida, en la perpetuidad del hombre y de su entorno con el que hace unidad: carezco de raíces /

de manos/

de retoños /

Ni raíces para aferrarse a la vida, ni manos para asirse a nada, ni hijos que le den continuidad a la singularidad que le tocó vivir, toda su materia será devuelta al todo para que vuelva en una nueva forma que convenga a la cadena. En las siguientes líneas:

mi frente es sólida /

como una piedra/

que será arrojada/

Observamos la capacidad del Yo lírico para hablar de sí y convertirse en el no-yo, que señalamos líneas arriba. Es el sujeto que se convierte en el objeto contemplado, convertido en piedra arrojada al mar para ser arena –dice el final del poema- y ser alimento de otro ser vivo. Es esa actitud Zen de la contemplación y no de la explicación, la que prima en su poética. Ella ha asegurado, ante la notoria presencia de la ‘muerte’ en su poesía, que: “Hay mucho valor positivo en vivir aun a sabiendas de que se va a morir. (…). Todo el mundo me habla de la presencia de la muerte en mi poesía, pero si la muerte existe ¿por qué no podemos vivir con la muerte?....” (Rosas: 72).

   Para entender mejor el planteamiento sobre la capacidad –del poeta- de la contemplación de sí mismo, observemos que, según la estética del poeta Basho, había (para el autor lírico) un primer estado, perceptivo, mediante el que debía –el artista- participar de lo esencial de la cosa de la que deseaba escribir –ella misma, su ser como parte de un todo superior a su propia individualidad. Para ello debía participar de la vida de su objeto. Como se señala en líneas anteriores, es el transformarse en aquello que es observado. Luego de la etapa perceptiva, está la etapa expresiva mediante la que se comparte lo vivido con el lector por medio de las palabras, que deben ser transparentes para que la vida interior del objeto llegue a la mente del lector tal como es percibida por el poeta: su cualidad de biodegradable. De esta manera, puede leerse el poema citado anteriormente, donde gracias a la experiencia “vivida” por el enunciador, la experiencia de la muerte que permite la continuidad de la existencia, el lector asume el rol que le corresponde en esta cadena, se ve a sí mismo como un eslabón, de la misma forma como lo hiciera el Yo lírico. Como se ha expuesto, puede afirmarse que la poética de Blanca Varela lleva implícita la filosofía budista Zen. Ella se manifiesta más, a través del contenido, que su poesía convoca, que por las formas. No es, esto último, el elemento importante de su poética. Las palabras son el medio, y, como tales, deben mantenerse austeras, pero profundas en contenido. Por eso la brevedad que, a su vez, exige el trabajo y el esfuerzo de su lector, que debe abstraerse de su entorno e incorporarse a la obra poética para asumir la tarea de desentrañar lo abstracto de sus líneas, las sensaciones condensadas en ella -la obra- y los momentos y las circunstancias efímeras que en condiciones normales no son percibidas en su magnitud. Doble abstracción entonces….



Referencias bibliográficas

BASHO, Matsuo (644-1699). 2003 Sendas de Oku. Serie El manantial culto, 34. Versión castellana traducida y comentada: Octavio Paz y Eikichi Hayashiya. Lima, PUCP.

JARQUE, Fietta. 2001 “Odio todo lo que tenga que ver con el éxito y con el poder”. Entrevista a Blanca Varela. Babelia. Suplemento del diario El País, sábado 21 de julio de 2001. En la Red: http://www.elpais.es/suplementos/babelia/20010721/b10.html. (Capturado el 2 de setiembre del 2005).

HUAMÁN Andía, Bethsabé. 2002 “Piedra negra sobre piedra blanca”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad San Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. págs. 50/56. Escrito en Lima, 2001.

MARTOS, Marco. 2002 “Apuntes sobre la poesía de Blanca Varela”. En: Martín. Revista de artes y letras. Lima: Universidad San Martín de Porras. Año 1, nº3, marzo. Págs. 74-77. 2005 “Semblanza”.En la Red: http://www.lainsignia.org/2001/febrero/cul_023.htm. (Capturado: 19 de agosto de 2005)

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martes 7 de septiembre de 2010

Fwd: 7 de septiembre. Día de los Derechos Cívicos de la Mujer. Micaela Bastidas.

Hoy 7 de setiembre se celebra el Día de los Derechos Cívicos de la Mujer. Por ese motivo publicamos el siguiente texto en homenaje a la heroína peruana Micaela Bastidas
MICAELA, CORDILLERA INMARCESIBLE
de Danilo Sánchez Lihón
Uno
– ¡Ayyyyyyy!
Fue un grito desgarrador estremeció la plaza Huakaipata del Cuzco y sus confines.
Un grito que laceró la tierra. Eran las 10.15 de la mañana del 18 de mayo de 1781 y hasta ese entonces ninguna queja ni súplica ni lágrima en aquella mujer, salvo la mirada perdida, llena de tristeza infinita, cuando escuchó su sentencia:
"...pena ordinaria de muerte, con algunas calidades y circunstancias que causen terror y espanto al público". –Reza el texto, cuando se lo leyeron.
Soportó estoicamente cuando a Hipólito Túpac Amaru Bastidas, su hijo de 20 años, que no dejó de mirarla hasta el último momento de su vida, le cortaron la lengua y el borbotón de sangre manchó la camisa celeste que llevaba puesta.
Pero cuando subido al patíbulo le anudaron la soga al cuello y súbitamente templaron hacia arriba, estremeciéndose en al aire su cuerpo, con las manos atadas hacia la espalda, solo allí se escuchó aquel grito desgarrador que conmovió hasta las mismas montañas y el sol pareció oscurecerse.
Solo a partir de entonces lo que era un circo, una feria y un carnaval de horror e infamia, se tornó en un silencio sepulcral en las diez mil almas que contemplaban los suplicios que se estaban infligiendo a la familia y colaboradores de la gesta tupamarista.
Dos
Desde el amanecer se habían ejecutado a los grandes capitanes del movimiento insurreccional. Y antes del martirio del linaje del cacique de Surinama y Tungasuca se ejecutaron a José Berdejo, Andrés Castelú, Antonio Oblitas y Antonio Bastidas. Luego a Francisco Túpac Amaru y a Tomasa Titu Contemayta.
El público colmado en la plaza, exclamaba gritos de furor y palabras soeces, apoyando la ejecución de cada uno de los reos. Hacia los cerros una masa hierática de indios permanecía silenciosa e inescrutable.
– ¡Escarmienta criminal! ¡Delincuente! ¡Asesino! –Gritaba la turba enardecida, ante cada muerte.
Había sido demoledor el terror que habían sentido semanas y meses antes, ante el asedio e inminencia de la captura del Cuzco por parte de los rebeldes.
Por eso ahora los que habían sentido que peligraban sus posesiones y canonjías se desahogaban, escarneciendo a los vencidos.
El grito de Micaela, inconsciente y desvalido, traicionándola a ella misma, emergió desde sus entrañas de madre y recién el llanto se le agolpó en sus ojos y bañó sus mejillas al ver a su hijo colgado.
Ningún momento antes se quebró, suplicó, imploró ni depuso su actitud digna y señera.
Después de ejecutado Hipólito ella sería la inmolada. Los sayones vinieron, ataron una soga al cuello y la arrastraron por la plaza.
Tres
Micaela Bastidas la esposa de Túpac Amaru II, era cabeza indiscutible de la rebelión más trascendental del siglo XVIII en contra del poder más implacable y omnímodo del continente americano y del planeta Tierra.
No lo hace por ideología, ni por doctrina, ni porque aduce tener cultura política. Lo hace por dos razones sencillas: la primera: porque le duele el dolor y el oprobio de la gente.
Y, por otra razón más conmovedora y admirable todavía: porque ama y cree en su marido, a quien invoca en todas sus proclamas y en todas sus cartas.
Y siendo así su lucha, su himno y su canto son desde la inmensa y hermosa condición de lo que es ser mujer. ¡Porque sabe ser mujer! Y esta es una sabiduría que, en quien la tiene, no caben equívocos.
De allí que no se retractó nunca de su participación en esta rebelión que tuvo una grandeza y una trascendencia totales, culminación de un largo proceso de rebeliones frecuentes y continuas. Negarlo hubiera sido negar a su familia. Más que ideología en esta lucha hubo familia.
Ella acompañó a Juan Gabriel en toda su gesta. Fue su confidente, el muro en donde él se sostenía al ver tanta injusticia e iniquidad para su raza.
Ella no le dijo ocúpate de algo útil y conveniente y sé realista. Forjemos riqueza. De sus manos salieron los permisos para franquear caminos, para asignar responsabilidades, para comprometer contingentes en la lucha.
De sus labios salieron arengas, proclamas y consignas. "Moriría donde muriera mi marido". Fue su promesa, su juramento y su consigna. Y así se cumplió. Porque allí murió a su lado.
Cuatro
Nació en Tamburco, distrito de la provincia de Abancay, a cuatro kilómetros al norte de de esta capital, el año 1745.
Era de una belleza sin par, rara e insólita. Hija de padre de ascendencia africana y de madre mestiza.
De allí que tenía el porte esbelto y clara tez del color del pan, aunque le decían "zamba", pero era porque además era alta y delgada de cuello, que en la serranía era poco frecuente tener cuello de garza, de parihuana o de vicuña como ella lo tenía.
Fue mujer notable por su hermosura. "Bellísima", dijo de él un contemporáneo. Pero, a la vez, tierna, fiel y trabajadora. Mujer humus, lluvia y fogón.
Se casó en Surinama, el 25 de mayo del año 1760, a la edad de 15 años.
Aprendió a leer y a escribir enseñada por José Gabriel, su esposo.
Sus hijos fueron Hipólito, quien nació en 1761. Mariano, en 1762 y Fernando en 1768.
Él era arriero, dueño de piaras de mulas, pero era indio instruido, culto, que leía y estudiaba. Él la formó pacientemente y compartió con ella todas sus inquietudes, ideas y esperanzas.
Ambos se sublevaron por indignación sacrosanta, por el dolor, el abuso, el sufrimiento y la muerte que se blandía sobre la gente. Es la desmesura sobrehumana de este levantamiento.
Cinco
Conversaban mucho, alentaban sueños para sus hijos y desvelos por el pueblo. Es la esposa dulce y abnegada que sabe oír y comprender. Es la madre amorosa que cuida, protege y se desvela.
Él le confesó cuánto le dolía el dolor y el padecimiento de su gente. Ella le escuchó y estuvieron de acuerdo en reclamar primero, gestionar después y poco a poco la única alternativa fue sublevarse ante la ignominia de una explotación que causaba expiación y muerte.
Micaela siempre le dio a él la prerrogativa de las decisiones, amándolo con amor tierno, reverente y consumado.
Él le encomendó en la lucha la difícil tarea de organizar la retaguardia del ejército, conseguir y administrar la economía, las comunicaciones, los abastecimientos, las armas, el espionaje.
En todas sus apelaciones siempre lo hace invocando en nombre de su "marido". Y qué bien y que honda suena en sus labios o cuando escribe con su mano esa frase. Lucha bajo una égida, lucha como mujer.
En sus cartas ya en plena campaña guerrera ella lo llamaba: "Chepe mío", "Cariño", "Hijo Peche", "Hijo pepe", "Hijo de mi mayor aprecio", Hijo Peche". Y en sus despedidas: "Tu Mica", "Es tu Mica", "Tu Micaco", "De Vuesa Merced, su amante compañera", "De Vuesa Merced su amantísima esposa".
Seis
Sin embargo, al final esta relación tiene todos los visos de haber sido no solo apasionada sino dramática, no solo por el contenido de las cartas en donde a veces le dice palabras de desengaño sino por una carta de despedida donde le dice adiós.
Como aquella, todas las evidencias apuntan a que el motivo de las desavenencias se refieren, por el contexto en que lo dice, a que él no cumple con la captura del Cuzco antes de que fuera reforzado con 16 mil soldados:
"Chepe mío: tú me has de acabar de pesadumbres, pues andas muy despacio paseándote en los pueblos..."
"Yo ya no tengo paciencia para aguantar todo esto, pues yo misma soy capaz de entregarme a los enemigos para que me quiten la vida..."
"Tú me ofreciste cumplir tu palabra, pero desde ahora no he de dar crédito a tus ofrecimientos, pues me has faltado..."
En otra carta le advierte:
"...y puedas despachar otro propio para Pachachaca a cortar el puente cuanto más antes... y si no lo puedes hacer avísame para que yo lo haga sin demora, ¡porque en esto está el peligro!"
Y en otra:
"Ya que te has hallado en esos lugares, caminaremos el día citado a entregarnos y morir sin remedio por lo que te digo adiós..."
Siete
Ahora son las 10.15 de la mañana y ella sube al cadalso, una tarima de color verde de 4 por 4 metros, alzada frente al atrio de la iglesia catedral del Cuzco.
Viste blusa blanca muy sencilla y una falda negra y larga. Subida ya en el estrado quieren abrirle la boca para cortarle la lengua y se niega retorciéndose. Y no pueden hacerlo por más forcejeos que hacen.
Le dan golpes de puño en la cara que sangra. Sigue doblándose sin poder introducirle el cuchillo. Finalmente desisten.
Lo recuestan al garrote y violentamente el verdugo da vueltas a la palanca que tuerce el dogal. Ajustan lo más que se puede, pero ella sigue respirando. Su cuello es muy fino y delgado y no logran asfixiarla.
Cogen entonces una soga entre varios y de ambos lados jalan y aprietan mientras otros verdugos con las culatas de sus fusiles la golpean los seños, el vientre y el sexo, hasta dejarla exánime arrojando su cuerpo de la tarima al suelo.
Por la tarde sería cortada la cabeza, descuartizada y sus miembros repartidos por diversos confines. Y otros quemados en una pira en el cerro Piccho, junto con los restos de su cónyuge.
Ocho
Y después le llegaría el holocausto a su esposo, el cacique José Gabriel Túpac Amaru.
La macabra figura de la ejecución ha sido diseñada especialmente por el corregidor Areche quien observa desde un balcón de la plaza.
Sus miembros serán arrancados por cuatro caballos que tirarán hacia las cuatro esquinas, briosos y espoleados, los mismos que irían arrastrando los pedazos cercenados por las calles, para luego ser quemados en una pira y su cabeza puesta en una picota.
Se le cortó la lengua y amarrado de pies y manos se tienden riendas sujetas a las monturas de los caballos. Se lo jalona y su cuerpo flota y vibra en el aire, pero no pueden arrancarlo. Desisten. Le cotan la cabeza y por la tarde sus miembros son divididos.
A su hijo Fernando, de 12 años que quería agachar la cabeza y esconder la mirada para no ver morir primero a su hermano y después a sus padres los soldados españoles se la levantan para que mire y le dan de culatazos en el cuerpo obligándole a mirar.
¿Por qué los mataron así? Hay razones ineludibles: Porque era mucha la riqueza que explotaban y que se la llevaban, situación que no debía peligrar nunca. Porque eran muchas las delicias, los halagos, la soberbia de los españoles.
Y no querían que de ello se les despoje jamás. Porque era mucha su fastuosidad. Y unos miserables no iban a venir a querer arrebatárselas.
Nueve
Y les enfurecía otro hecho peor: sabían íntimamente que esos indígenas tenían razón, que eran los legítimos dueños de estas posesiones. Y eso les dolía mucho más. Estas tierras eran suyas.
La desmedida crueldad y el ensañamiento eran lógicos: querían escarmentar para que nadie osara jamás volver a pensar siquiera en ello. Para ahogar todo grito de rebelión. Porque, ¿dónde se ha visto que el público presencie el descuartizamiento por caballos desbocados? ¿En qué lugar de la tierra y en qué tiempo jamás?
Lo revela además la pena que se sentenció, que abarca no sólo a los vivos sino a los que nacieran:
"que se extinga toda su descendencia, hasta el cuarto grado"
Este suplicio fue a la altura de su codicia. El Perú valía mucho en oro, en tierras, en judicaturas. Y castigaron ferozmente este movimiento porque venía a cuestionar toda esa riqueza en base a la muerte de los indígenas.
Para dejar constancia de que nadie cuestionara estos hechos de quitarles su botín, su medio no de vida sino de ser viciosos y holgazanes.
El suplicio estuvo a la medida del susto que pasaron, a la estatura de las imágenes que su subconsciente había elucubrado logrando entrever qué les sucedería en relación a sus comodidades y beneplácitos si triunfaba la revolución.
Diez
Sin embargo, queda algo por rescatar de esta gesta para nuestras vidas: El de Micaela y el de José Gabriel es uno de los grandes amores sublimes de la historia humana, por las siguientes razones:
Porque es en función de ideales y de principios.
Porque es un amor hecho de coraje y valor supremos. Que saben del horror al cual se enfrentan y lo asumen.
Porque es amor de empresa común, de proyecto mutuo y mancomunado, que en este caso era instaurar la justicia paliando los sufrimientos de la gente para después gestar la libertad de un continente.
Es entrega total, absoluta, sin cálculo, medida ni disculpas. Si es posible hasta morir en el intento, tal y como realmente ocurrió.
Porque es amor que es creer, sentir y pensar juntos, abrazando el mismo propósito.
Porque estuvieron unidos en la vida y en la muerte, guerrearon uno al lado del otro. Porque tuvieron inteligencia y valor para apoyarse.
Porque esta empresa la emprendieron ambos.
Porque ella, sutilmente femenina, supo a él darle la jefatura de todo y el poder para tomar las decisiones trascendentales.
Porque en el fondo de esto está el amor cristalino, profundo, absoluto hacia los otros.
Porque ella creía en él, porque era noble, sincero y augusto. Y jamás menoscabó esa majestad.
Once
Es un amor sublime de la historia humana:
Porque fue un amor sin regateos, ni menudencias ni menoscabos. No en función de las cosas, no en función de los intereses mezquinos.
Porque tomaron una decisión y la cumplieron, cual fue echarse a los hombros los problemas que padecía la gente.
Porque largas temporadas él se ausentaba por su oficio de arriero y ella paciente y amorosamente lo esperaba anhelante. Porque la separación física fue constante pero la unión espiritual fue grande.
Porque se confiaron mutuamente secretos de Estado, si cabe así decirlo. Cada carta que se intercambiaron sería botín para los servicios secretos enemigos, enfrentándose al imperio más poderoso de la Tierra.
Porque era imposible que en esa época una mujer podía alzarse en armas. Y él la preparó para ello.
Porque no lo abandonó, aduciendo que el sentido de ella era cuidar a los hijos y el de él hacer solo su campaña, como ocurrió en casi todos los casos de los movimientos insurreccionales.
Porque se amaron de a verdad. Y consigo, al bien y a la virtud. Y se consagraron a cultivarlos.
Porque los derechos cívicos de la mujer no es pelear contra el hombre sino junto a él contra la estructura social injusta y aberrante.
Porque la competencia entre hombre y mujer es perversa cuando el enemigo es el sistema.
Porque estuvo a su lado y sucumbió con él.
Doce
Porque en algún lugar del cosmos se han reencontrado.
Porque queriendo castigarlos el enemigo los unió al final de sus vidas y en sus muertes aparentes, porque están más vivos que nunca.
Porque al quemar juntos en una pira sus miembros cercenados, los juntaron y los hicieron fuego eterno, que salva y purifica. ¡Qué honor más grande les hicieron sin darse cuenta!
Se unieron en cenizas. ¡Allí sus bocas confidentes, sus palabras secretas están dándonos consignas!
Porque cuando construyamos el Perú del futuro digno y hermoso Micaela será la flor que se siembre en todas las plazas de nuestro país enaltecido.
Y Micaela será la flor del color más fulgurante, tierno y valeroso.
Daremos el nombre de Micaela a las nieves perpetuas de los andes, a las cascadas, a los arroyos, a los valles profundos llenos de torcazas.
Micaela se llamará el mejor maíz, la mejor papa, la mejor quinua, la fruta más dulce.
La mejor trinchera en el combate se llamará Micaela.
¡Jóvenes mujeres de mi pueblo! ¡Son herederas de Micaela Bastidas! Siendo así ¡siéntanse gigantescas, poderosas e invencibles!
Texto que puede ser reproducido citando autor y fuente


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